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El miedo puede ser una emoción muy útil. Cuando nos preocupamos por un riesgo, le prestamos más atención y tomamos las medidas necesarias. De alguna manera, el miedo nos mantiene vivos y prosperando. Para el escritor Dan Gardner no es exagerado decir que nuestra especie debe su existencia al miedo.

Sin embargo, cuando el miedo se vuelve irracional o se traduce en fobias paralizantes, puede ser un enorme obstáculo en nuestro desarrollo personal y emocional. Las fobias y los miedos están comúnmente relacionados con algún evento traumático. Por eso no resulta inadecuado decir que el origen de nuestros miedos está en la memoria.

La Dra Merel Kindt es una psicóloga clínica de la Universidad de Ámsterdam convencida de que es posible desestabilizar recuerdos traumáticos a partir del uso de ciertas drogas, las cuales intervienen directamente en los mecanismos fisiológicos que nos provocan las reacciones de miedo como ansiedad y taquicardia, y su relación con la memoria.

Las experiencias de gran amenaza y peligro se guardan en la región del cerebro llamada hipotálamo y son parte de los contenidos de la memoria más profundamente anclados. Este almacenamiento de la memoria cumple con un propósito evolutivo, pues permite que las personas eviten repetir en el futuro las experiencias de amenaza y peligro, asegurando así su supervivencia. Situaciones de mucho estrés pueden activar esta parte del cerebro y con ello los recuerdos traumáticos almacenados, lo que se traduce en fobias o miedo paralizantes.

Mediante el uso de “propranolol”, el proyecto Erasing Fear busca interferir en el resguardo o reescritura de la memoria, modificando su almacenamiento a largo plazo en el cerebro y ralentizando la frecuencia cardiaca. Este medicamento se prescribe a personas con presión arterial alta o ansiedad, generalmente antes de una situación estresante. Pero para el tratamiento de las fobias es utilizado de una manera completamente diferente, administrándolo después de que alguien se expone a un estímulo de miedo para interferir con la reestabilización de la memoria y las respuestas fisiológicas del cuerpo.

El «propranolol» bloquea los adrenoreceptores en el cerebro. Estos son sitios de acoplamiento para la neuroadrenalina, un mensajero químico involucrado en la creación de memoria. Al bloquearlos, la droga interfiere con la estabilización de la memoria y la respuesta de miedo fisiológica. En otras palabras, los recuerdos no se borran. La gente todavía recordará que le teme a las arañas, pero al debilitar la memoria se debilita también la respuesta fisiológica de miedo.

La Dra. Kindt ha comenzado estudios piloto con veteranos holandeses que sirvieron en Afganistán, utilizando olores ardientes y ruidos del campo de batalla para gatillear los recuerdos que sustentan el trastorno de estrés postraumático de un soldado. Esto es más difícil que las fobias a las arañas, porque generalmente hay recuerdos muy específicos que sustentan traumas muy complejos.

Kindt asegura que su tratamiento farmacológico es más efectivo que la tradicional terapia conductual en la que las personas son expuestas a una señal de miedo repetidamente hasta que logran aprender a vivir con sus fobias. El problema con las terapias conductuales, según Kindt, es que estas consisten en formar una nueva memoria inhibitoria que compite con la memoria del miedo original. Sin embargo, la memoria de miedo permanece intacta.

Por el contrario, con el uso de fármacos parece posible apuntar a la memoria del miedo en sí misma para debilitar la raíz del trastorno de ansiedad al debilitar, o incluso borrar, la memoria del miedo.

Así podemos andar por el mundo sin miedo, pero eso sí, bien dopados. Habrá que cuestionarse si acaso el uso de fármacos es la mejor vía para lidiar con nuestras emociones y nuestros medios. Un mundo donde las emociones pueden ser suministradas y controladas a partir de drogas y fármacos son un escenario común en las distopías Sci-Fi como «Do Androids dream of Electric Sheeps» o «A Brave New World».

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