Folclore digital: ¿Por qué nos gusta lo feo?

Folclore digital

Últimamente me he sentido muy atraído por lo feo, de todo aquello que de la impresión de antidiseño, de malhecho, soy fan ¿Un tatuaje culero? Claro que sí, entre más informal y de mal gusto, mejor.

Incluso en la música. Entre más culera la letra, la voz y el beat, estoy dentro. Pero ¿Por qué? Veo a mis compas y están en las mismas. Uno de ellos, con un tatuaje que dice “perro satánico” en la pierna, seguido del perrito más ojete que haya visto en mi vida.

Veo trabajos como el de @ruff.parra, @taquito.jocoque o @ppmktzz y solo pienso en lo bendito que son mis tiempos, deliberadamente lejos de la formalidad y el buen gusto, y cerca del antidiseño y los memes. Pero ¿Por qué verga nos gusta lo feo?

Aquí no hay lugar para diseñadores estrellas

Al intentar responder esto, solo puedo culpar a los memes. Para mi los memes son los culpables de todo: son el antidiseño materializado, muchas veces son imágenes culeras y todas pixeladas, bueno no tienen ni derechos de autor, solo se reproducen sin ningún mérito formal. Estos han revolucionado el lenguaje, y estoy seguro, que también han modelado nuestra sensibilidad.

De acuerdo con Limor Shifman, periodista en la Hebrew University de Jerusalén, debemos entender a los memes como folclore posmoderno, estos contienen “valores y normas compartidas, que se construyen a través de artefactos culturales como son imágenes retocadas o leyendas urbanas”.

Me cambia la química cerebral pensar en los memes como obras comunitarias dónde la autoría no tiene cabida, ni nunca la tuvo. Pensarlos como una tradición cambiante y en constante transformación, cada vez que alguien decide intervenirlos.

En su libro Art Platforms and Cultural Production on the internet, Olga Gurionova definió folclore digital como «la vida creativa de grupos de individuos que está basada en la tradición y viene guiada por estos mismos grupos». Según Goriunova muchas de las estéticas digitales contemporáneas se pueden entender gracias al folclore digital: gifs animados, fotos de gatos, imágenes retocadas con efecto purpurina, etc. son ejemplos de esta tradición. Lo kitsch y lo pixelado son características estéticas de este folclore digital. Este folclore define estéticas y vocabularios, tiene la capacidad de invadir imaginarios y plataformas digitales, y también prácticas artísticas.

Esto nos da cuenta de lo borrosas que son las fronteras entre disciplinas, y de cómo las redes sociales y su folclore se materializan en nuestra sensibilidad y forma de expresarnos. El folclore digital, también perfila y desafía las convenciones de diseño y de narrativas, al tiempo que crea sus formas propias, basadas en la articulación del lumpen, de la informalidad y de lo simple.

Cómo señala Jaron Rowan, en Memes: Inteligencia idiota, política rara y folclore digital,  “los memes nos atraen desde lo simple. Nos guiñan el ojo desde el humor. Nos atraen desde su ubicuidad. Los memes no nos sorprenden porque parece que siempre estuvieron. Son parte de nuestro folclore colectivo, son una patada en el trasero al diseño elegante, frío y meditado. Aquí no hay lugar para diseñadores estrella”.

Considero que esto también aplica a otras formas de expresión como la música (Pienso en Rosalía y su Chicken Teriyaki), poesía (poemojis), narrativas, cine etc. Incluso esta revista intenta ser parte de ese sentir. Hoy los procesos de creatividad están conectados al folclore digital.

La vida cultural desde la idiotez

Tampoco quiero perder de vista lo escrito por el colectivo Metahaven, en Can Jokes Bring Down Governments?, cuando dicen «la política contemporánea se ha vuelto tan desalentadora que inspira mentalidades trol y dadaístas», de verdad se siente así.

Me gusta pensar que somos una generación de cansados y desalentados políticamente, cansados del exceso de técnica y de formalismos retóricos. Nos hemos decidido por el devenir idiota, simple y dadaísta. “El devenir idiota – escribe Jaron Rowan – tiene que ver con relacionarse de ciertas maneras, entender ciertos códigos, aparentar ciertas identidades o asumir estéticas determinadas. Ser idiota no es fácil. Este devenir idiota no es baladí, pues requiere sintonizar con tu canal mental más idiota, converger en un entorno estético en el que los gatitos, los gifs animados y las fotos de personas tropezando se dan de la mano y constelan una realidad.”

Y en medio de esta constelación idiota es dónde circula la vida cultural, el internet fue ese espacio que se autodesarrolló, produjo sus objetos y propios procesos estéticos, fascinantes a mi parecer.

“Muchos de estos espacios – retomo a Rowan – no estaban originalmente concebidos para alentar la creatividad ni fueron diseñados como entornos para la exploración estética, pero una serie de casualidades y combinaciones técnico-sociales se han concatenado para que se den estos curiosos fenómenos. La puerta del cuarto de baño ahora está alojada en internet”.

Plataformas y sensibilidades conectadas

Folclore digital

Incluso en la música. Entre más culera la letra, la voz y el beat, estoy dentro. Pero ¿Por qué? Veo a mis compas y están en las mismas. Uno de ellos, con un tatuaje que dice “perro satánico” en la pierna, seguido del perrito más ojete que haya visto en mi vida.

Si nuestra realidad digital se articula con las posibilidades técnicas, sensibilidad, reglas morales y diversas categorías del folclore digital resulta natural que se reproduzcan fenómenos estéticos similares.

Como indica Olga Goriunova, «las plataformas de arte están conectadas a procesos de creatividad y subjetivización, a entornos artísticos, folclóricos y de repetición, a la preeminencia de trabajo inmaterial típica del capitalismo tardío, a las políticas de participación, a públicos diversos y a la autoorganización».

Los productos artísticos de estos entornos folclóricos digitales te permiten cuestionar mecanismo formales. Cuánto más bajo o más feo es el nivel, más fácil es ser invitado a entrar al folclore. Es la informalidad y lo simple lo que te permite conversar.

“Es el reverso cabrón del «general intellect» que defendía el filósofo Paolo Virno. Aquí hablamos de la idiotez colectiva, que adquiere capacidad enunciativa y fuerza política”, señala Rowan.

El meme, el diseño feo son el contradiseño, la contraimagen. Encarnan el sentir colectivo, desde una enunciación idiota o dadaista de la realidad.

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