La generación “Rosa Pastel”

La generación “Rosa Pastel” ha tomado consciencia de que la educación no es la solución a la desigualdad y que debemos comenzar a reconsiderar el papel de las universidades como árbitros de las oportunidades.
La viralidad es el termómetro de las sociedades contemporáneas, su carácter efímero refleja la mutabilidad de nuestros intereses, deseos y temores. En los últimos días se ha vuelto popular un nuevo “trend” que algunos usuarios han calificado como depresivo y sumamente triste.

Al ritmo de Rosa Pastel de Belanova, usuarios de Tik Tok muestran en un video sus sueños truncados o no cumplidos. Con una especie de dinámica “Expectativa y Realidad”, los usuarios confrontan sus expectativas laborales al iniciar sus estudios universitarios contra lo que son hoy en día.

Muchos usuarios han llamado a “Rosa Pastel” el trend más triste de México, y han invitado a no verlo y no promoverlo. Sin embargo, es importante confrontar la realidad laboral y estructural de nuestro país, es necesario deconstruir los mitos fundantes de nuestra sociedad como la meritocracia y la educación universitaria. Durante mucho tiempo nos dijeron: “si quieres competir y vencer la economía global ve a la universidad”, “tus ingresos dependen de lo que aprendas”, “si no vas a la escuela y creces económicamente será tu culpa”.

Nos dijeron que nuestro destino está en nuestras manos y que nuestro éxito depende exclusivamente de nosotros mismos ¡Pero eso es mentira! Por muy inspirador que parezca, el principio del mérito tiene una cara bastante oscura. En una sociedad desigual como la nuestra, quienes están en la cima quieren creer que su éxito se debe exclusivamente a su talento y esfuerzo, sin considerar los factores circunstanciales y privilegios que les llevaron al triunfo, creyendo que se merecen todas las recompensas que la sociedad y el mercado otorga a los ganadores, y mirando con condescendencia y desprecio a quienes no han sido tan afortunados.

La cultura de la meritocracia pierde de vista un detalle importante: en la economía actual no es fácil ascender. El estallido de desigualdad observado en décadas recientes no ha acelerado la movilidad social, sino todo lo contrario; ha permitido que quienes ya estaban en la cúspide consoliden sus ventajas y la transmitan a sus hijos. Así que el primer problema de la meritocracia es que las oportunidades en realidad no son iguales y en una sociedad desigual, la meritocracia no es más que un sofisma.
“Rosa Pastel” nos muestra con evidencia que la educación no es la solución a la desigualdad. Es bueno incentivar a la educación de las personas y es mejor facilitarles el acceso, pero debemos empezar a reconsiderar el papel de las universidades como árbitros de las oportunidades. Deberíamos preocuparnos menos por preparar a las personas para un combate meritocrático y enfocarnos más en la mejora de la vida de las personas que no tienen un título universitario pero que contribuyen de manera esencial a la sociedad.

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