Huesera: Quemar la cuna y la maternidad

"Huesera" es una cinta que afirma las experiencias de miedo, paranoia, ansiedad y deseo, dentro del horror que constituyen las formas en las que se impone la cultura patriarcal.
Lo que llamamos mundo, naturaleza y realidad, son ficciones. Narrativas que nos contamos para ordenar y jerarquizar nuestra experiencia. El lenguaje, la educación, la escuela, la familia y otras instituciones son los lugares donde estas narrativas se afianzan y consolidan: se naturalizan. Sin embargo, desde el siglo XVIII Kant nos advirtió que la naturaleza es el producto de una síntesis entre los conceptos y la experiencia: no existe un mandato natural en sí mismo, todo atraviesa por un proceso de construcción. Se nos educa y enseña a esperar ciertas cosas, a generar expectativas sobre las personas y los objetos. Lo que llamamos natural no es más que una ficción.
“Huesera” cuenta la historia de Valeria y su travesía a través de la ficción llamada maternidad y las expectativas que hemos puesto sobre ella, nos muestra su vulnerabilidad y violencia, sus alternativas y sus miedos. Rompe con el orden que hemos atribuido al mundo y transgrede las fronteras de lo natural y el deber ser. Es, en todos los sentidos, una película de horror que fractura nuestra concepción de lo real.

¿No estoy yo aquí que soy tu madre?

“Huesera” comienza con Valeria (Natalia Solían) subiendo una larga escalinata acompañada de su madre (Aida López) y tía (Mercedes Hernández). Las tres mujeres, que representan formas distintas de habitar la feminidad, se dirigen hacia una monumental imagen de la virgen de Guadalupe. Al llegar depositan una ofrenda de flores y la madre de Valeria hace la señal de la cruz sobre el vientre de su hija, pidiendo por el milagro de la fertilidad. La toma aérea se abre y observamos a las tres mujeres contemplando el gigantesco arquetipo de la virgen-madre; expectantes, aguardando el “milagro”. Y en efecto, el milagro llega, pero con él también el horror.

El hecho de que la película inicie con la presentación del arquetipo virginal no es fortuito, Michelle Garza Cervera (directora y coguionista) nos muestra el horizonte ideológico y moral que contextualiza el horror que vivirá Valeria: la virgen de Guadalupe es el máximo estandarte religioso de los mexicanos y también el ideal de lo que debería ser una mujer, la virginalidad, abnegación y sacrificio. En este arquetipo de feminidad se incorpora un fuerte mandato de procreación que reúne el “destino biológico” y el plano espiritual, reduciendo la feminidad a la maternidad y la condición de madre.
En “Huesera” Valeria vive los horrores que este arquetipo de feminidad y sus expectativas imponen sobre el cuerpo e identidad de las mujeres. El miedo al parto, la heteronormatividad, el mandato naturalizado de maternidad y el cuidado abnegado, son las expresiones de un imperativo heteropatriarcal que se instaura sobre ella, ramificándose en todos los aspectos de su vida…como un cáncer.
Bajo este imperativo, mujeres como Valeria son vistas y tratadas como monstruosas, y la “no-maternidad” voluntaria es percibida como egoísmo y una desviación aberrante. Valeria quema, literalmente, la cuna y el arquetipo virginal de feminidad y maternidad.

Y bendito es el fruto de tu vientre

Al igual que Rosemary en “Rosemary’s Baby” (1968) de Roman Polansky, Valeria atraviesa por un tortuoso proceso de embarazo donde su voluntad es borrada y sustituida por el deseo de los otros, que ven en su cuerpo un organismo biológico cuya única finalidad es la procreación. En ambas películas se muestra la alienación que la maternidad como institución ha provocado en las mujeres, encerrándolas en sus propios cuerpos y asegurando su control reproductivo y sexual, adaptando sus distintas configuraciones a las necesidades económicas y políticas de los sectores hegemónicos.
En ambas películas, las protagonistas pierden la libertad para decidir sobre su propio cuerpo y son las personas que les rodean quienes terminan decidiendo por ellas. Es como si el embarazo las borrara por completo y su identidad fuera suplantada por la idea de un hijo no nacido.
Sin embargo resulta injusto comparar a “Huesera” con “Rosemary’s Baby”, el enfoque respecto a la maternidad en ambas películas es completamente distinto: a pesar de las vejaciones, la manipulación y la violencia que los médicos, vecinos, esposo y sectarios, impusieron sobre el cuerpo de Rosemary, ella nunca renuncia al mandato de la maternidad; por más terror que le provoque su hijo-demonio decide cuidar de él, cumpliendo así con la expectativa de la maternidad. “Rosemary’s Baby” se enuncia desde una masculinidad que repite las expectativas de la maternidad tradicional.
En cambio, la visión de Garza Cervera encuentra la emancipación a través de la transgresión de nuestras expectativas respecto a la “buena madre”. Mientras Polansky (y también Ira Levin, autor de la novela) todavía retrata un personaje sometido al arquetipo de la maternidad patriarcal. La mirada de Garza Cervera es liberadora: Valeria se emancipa de ese imperativo de maternidad y en ello radica la belleza de “Huesera”, o acaso también su horror.
La ruptura psíquica por la que atraviesa Valeria en la que se contempla a sí misma sin rostro, sin identidad y con los huesos rotos, como en una suerte de pavorosa alteridad, es una experiencia que le acerca a personajes como Jacob Singer (Tim Robbins) y Nina Sayers (Natalie Portman). En “Jacob’s Ladder” (1990) de Adrien Lyne y “Black Swan” (2010) de Darren Aranofsky, los protagonistas sufren un quiebre psíquico causado por procesos traumáticos que les impide distinguir la realidad de sus estados alterados de consciencia.
De manera similar, los horrores que experimenta Valeria se le presentan de modo incierto: los estados de consciencia se confunden con los elementos externos de la realidad y el horror se manifiesta justo en la frontera de estos dos mundos difusos. En Jacob’s Ladder este estado alterado se justifica por los traumas de la guerra, mientras que en “Huesera” su justificación es la violencia que generan las expectativas que se atribuyen a la maternidad desde las instituciones sanitarias, educativas, sociales, políticas, religiosas, mediáticas, familiares, etc.

Madre misericordiosa, maestra del sacrificio

Al romper y transgredir las expectativas del imperativo de maternidad heteropatriarcal (en el que la subjetividad femenina debe renunciar a su propia identidad, voluntad y deseos, por el cuidado de los hijos, la casa y el esposo), Valeria se despliega, ante los ojos del espectador, como una figura monstruosa, en la “araña que es madre, pero también depredadora”, desestabilizando el orden simbólico que hemos atribuido a la realidad y nuestras expectativas respecto a la “buena madre”.
Los horrores provocados por la violencia que Valeria sufrió durante su embarazo se mantienen hasta después del parto, condicionando la relación madre-hija, y desembocando en un doloroso proceso de desprendimiento. El final de “Huesera” cuestiona nuestras expectativas sobre la maternidad y rompe con la idea de maternidad obligatoria regida por mandatos y prácticas dictadas desde los valores de la cultura herteropatriarcal, estableciendo una diferencia fundamental entre el hecho biológico de la procreación y la institución social de la maternidad.
La monstruosidad de Valeria no solamente es transgresora sino además emancipatoria, se niega a participar en el orden de las cosas y busca vislumbrar una salida a los planteamientos binarios de la cultura hegemónica. Su construcción de personaje nos confronta violentamente debido a que fragmenta nuestras expectativas más atrincheradas respecto a la maternidad.
Garza Cervera utiliza las convenciones del horror para unir temas como la disidencia sexual, el mandato de maternidad, el miedo al parto, la fragmentación de la identidad, la violencia de género, el trauma y el embarazo. El resultado es una cinta que afirma las experiencias de miedo, paranoia, ansiedad y deseo, dentro del horror que constituyen las formas en las que se impone la cultura hegemónica patriarcal.
Referencias y recomendaciones:

Del Castillo Aira, Itxaso (2020), Monstruas. Deconstruyendo el monstruo femenino actual en el audiovisual de terror. Tesis UPV.

Sosa Vilchis, Luz. De suicidas, monstruosas y seductoras: las representaciones de las lesbianas en el cine mexicano. La imposibilidad del deseo homoerótico entre mujeres. Tesis UAM

 

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