En este semana hemos desarrollado la crítica que Carol Clover hace a la figura de la “Final Girl” y la manera en que esta se encuentra codificada desde la perspectiva masculina. Motivo por el cual, según Clover, la “Final Girl” no puede ser considerada un ícono feminista. Sin embargo, desde la década de los 90’s el Slasher ha sufrido una renovación en sus formas y contenidos. Uno de los principales cambios es la representación de la archiconocida “Final Girl”.

“Scream” (1996), “You’re Next” (2013) e “It Follows” (2014) son ejemplos perfectos de la actualización moderna de la figura de la “Final Girl”. Estas películas están articuladas principalmente desde el punto de vista de la protagonista. Aunque claro, eso no las vuelve cintas feministas. Lo interesante es que rompen el arquetipo que hiciera famosas a las “Final Girls” del Slasher setentero.

Merece una especial atención Jay, la “Final Girl” de “It Follows”, cinta de Robert Mitchell. Pues además de no ser la chica tímida y virginal, utiliza el sexo como un medio para mantener alejada a la amenaza que se cierne sobre ella.

Todo el sexo en “It Follows” es consensuado y la película insiste siempre en que ella no es una víctima. La trama va más o menos así: Hugh y Jay han salido varias veces y han tenido sexo. Una noche Hugh le confiesa a Jay que le ha pasado una maldición en la que una entidad la seguirá constantemente hasta alcanzarla y provocarle la muerte. La única manera de liberarse de esa maldición es pasándosela a alguien más a través de una relación sexual.

La referencia a las ETS es más que obvia. En este sentido, “It Follows” sigue la línea del Slasher clásico: la “Final Girl” comienza siendo una persona al principio de la cinta y termina por convertirse en una persona completamente nueva. De esta manera, muchas películas clásicas de terror pueden verse como una historia perversa sobre la madurez de la “Final Girl”, que marca su viaje hacia la adolescencia a través de una experiencia traumática.

Sin embargo, para Jay el sexo no implica su muerte, como en el Slasher tradicional. Y si bien el sexo alguna vez le resultó una actividad divertida y emocionante dentro de su contexto suburbano de clase media. Ahora, el sexo ya no es simplemente divertido o deseable, sino un recurso necesario para escapar del omnipresente horror de ser perseguida por algo que nadie a su alrededor puede ver. Así, el sexo se convierte en la vía de escape y no en aquello que atrae al Slasher.

Pero no son sólo las representaciones de Jay como una chica con una vida sexualmente activa las que subvierten las características tradicionales del Slasher; mientras que Clover es clara sobre la «falta de feminidad» de la “Final Girl», el personaje de Jay es más complejo. Aunque la cámara nunca la sexualiza, es evidente que quienes la rodean la desean.

Jay es una “Final Girl” que nunca es sexualizada, fetichizada o socavada. No obstante, la “Final Girl” contemporánea sigue presentando sesgos en su construcción. La mayoría de ellas son cisgénero, blancas y de clase media. Como sea, la “Final Girl” se está convirtiendo lentamente en un personaje que es digno de sobrevivir, no por su moral puritana, virginidad y sensualidad, sino por la pura voluntad de vivir.

Quizás con el tiempo veremos a la Final Girl evolucionar hasta convertirse en un personaje completamente desarrollado y no una encarnación de la mirada masculina. Y, con más cineastas femeninas y no binarias dirigiendo películas de terror, es de esperar que también veamos una “Final Girl” reformulada.

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