Ahora que el estreno de “Dune” a cargo de Denis Villeneuve está muy cerca, la adaptación inconclusa de Alejandro Jodorowsky ha cobrado notoriedad nuevamente. Sin embargo, cuando escuchamos las ideas que Jodorowsky tenía para la adaptación de “Dune” (escrita por Frank Herbert), queda claro que su realización era casi imposible.

En teoría, la banda sonora estaría a cargo de Pink Floyd y Magma, aunque el storyboard fue hecho por Moebius, el arte y diseño dependería completamente de Chris Foss y H. R. Giger. Los efectos especiales dependerían de Dan O’Bannon, y además contaría con las actuaciones especiales de Mick Jagger, Salvador Dalí como como el Emperador Padishah y Orson Welles como el barón Harkonnen.

En el documental “Jodorowsky’s Dune”, Alejandro presenta su proyecto como la mejor película de Sci-Fi jamás filmada. Y aunque la cinta nunca se llevó a cabo, su legado se extendió hasta otras producciones míticas de Hollywood como “Alien: el octavo pasajero”, donde participó parte del equipo creativo que Jodorowsky había formado para su proyecto: Giger, Moebius y O’Bannon. Quizás, “Alien” no sería la maravilla que es hoy de no ser porque anteriormente, Jodorowsky reunió estos tres talentos en un mismo proyecto

Sin embargo, hay ciertos detalles que nos hacen pensar que la adaptación de “Dune” hecha por Jodorowsky no solo se alejaría notablemente de la obra escrita por Frank Herbert, sino que además la terminaría contradiciendo. Es cierto que una “adaptación” no está obligada a seguir una obra al pie de la letra, y quizás nuestra crítica está motivada por un “purismo esnobista”, pero consideramos que a la luz del pensamiento actual, la adaptación de Jodorowsky resultaría no solamente polémica, sino arcaica.

“Dune”, de Frank Herbert, ha sido señalada más de una vez por considerársele racista, pues cuenta la historia de un joven blanco llamado Paul Atreides, hijo de una de las familias más acaudaladas e importantes de la galaxia, que viaja al planeta Arrakis junto con su padre y madre para gobernarlo. Arrakis es un desierto enorme donde vive el pueblo Fremen, un pueblo supersticioso, con notables carencias, bélico, pobre y no-blanco. Los Fremen terminan por adorar a Paul como la reencarnación de Muad’dib, el liberador y guía de todos los clanes.

Para muchxs, la obra de Herbert perpetúa la imagen del salvador blanco que viaja a las periferias para llevar la civilización a los pueblos “necesitados”. Sin embargo, estas lecturas pasan por alto un GRAN detalle: Paul Atraides NO salva al pueblo Fremen, por el contrario, lo condena a un cruzada (jihad) de violencia sin fin.

El propio Herbert ha expresado que su objetivo en Dune consiste en señalar los peligros que conlleva la unión entre política y religión, así como la idolatría a líderes humanos, que por su misma condición, no están exentos del error y los abusos. Paul Atreides, poco a poco, se convierte en un tirano que no libera a los Fremen de las injusticias del imperio, sino que reivindica el mismo orden social opresor: Paul no rompe el status quo, lo reafirma violentamente.

Jodorowsky confiesa no haber leído en un principio la obra de Herbert, y aunque parece hacerlo después, su interpretación coloca a Paul Atreides en el erróneo papel de salvador de la humanidad. En la adaptación de Jodorowsky, Paul es el mesías que lleva luz a la humanidad y al pueblo Fremen. Después de su captura y muerte (cosa que no ocurre en el libro), el espíritu de Paul se funde con la Totalidad cósmica, penetrando en cada uno de los individuos mientras claman al unísono: “Yo soy Paul” (como el final de “Espartaco” de 1960).

Jodorowsky también le otorga a Paul un origen cuasi-divino. Pues en su adaptación, el Duque Leto está castrado y no puede concebir un hijo. Por ese motivo, Lady Jessica convierte una gota de sangre del Duque en la semilla que fecundará su vientre. Así, Paul no es hijo del placer carnal sino del placer espiritual.

En la versión de Jodorowsky, Paul no solamente es visto como el mesías salvador del pueblo Fremen, sino que además tiene un origen casi divino. Lo que en todo caso estaría rehabilitando la imagen del “Salvador blanco”, que desde su condición “divina” llega para “colonizar”, “salvar” y “civilizar” a los salvajes marginados.

Otro elemento sumamente discutible en la adaptación de Jodorowsky es el papel que juega la ecología. En la obra de Frank Herbert existe una ambigüedad respecto a los beneficios reales que implica adoptar una ecología antropocentrista, centrada únicamente en la satisfacción de las necesidades humanas. Mientras que a Jodorowsky esto no parece importarle mucho, pues plantea un final donde el gran desierto de Arrakis se convierte en un paraíso verde a voluntad de los deseos humanos. Ahí donde Herbert coloca la ambigüedad y discusión, Jodorowsky instaura el más rampante de los antropocentrismos.

Jodorowsky es consciente que su adaptación se aleja por mucho de la obra de Herbert, afirmando que su proyecto implica una violación de la obra original. Pero en Filth pensamos que uno de los más grandes problemas de la adaptación planteada por Jodorowsky es que adolece de actualidad, y muchos de sus rasgos y valores incentivan visiones arcaicas que deben ser abandonadas, como el mesianismo y el antropocentrismo ético.

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