Vacuna covid

El día de hoy trascendió en los medios mexicanos la pregunta que un periodista hizo al subsecretario de salud, y cara de la estrategia contra la pandemia por Covid, Hugo López-Gatell. La pregunta era respecto a la posibilidad de que las vacunas contra la enfermedad por coronavirus pudieran contener “restos” de fetos humanos.

Sin duda, suena ridículo. Pero sobre eso se pueden decir varias cosas.

Primero: hay que ser justos con el periodista, pues la cohorte de intelectuales de tuiter no para de hacer burlas sobre el comunicador. El periodista nunca suscribió que las vacunas tuvieran restos de fetos humanos. Él dijo que una gran parte de la población desea ponerse la vacuna, pero que existe una minoría -el llamado movimiento antivacunas- que asegura que la vacuna no genera una inmunidad permanente y que además están hechas con “restos” de fetos humanos. Esto lo puedes verificar personalmente en el minuto 48:30 de la mañanera:

Y esto es cierto, hay un sector de la población que cree que las vacunas están hechas con células extraídas de fetos humanos. El periodista únicamente preguntó a Gattel su opinión al respecto, a lo que el subsecretario respondió que dicha postura era aberrante, anticientífica y alejada de la realidad.

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Segundo: la discusión es bastante vieja y va más o menos así, según algunas personas las vacunas empleadas actualmente para prevenir enfermedades como la rubeola, el sarampión, la rabia, la poliomielitis, la hepatitis A, la varicela o la viruela se producen utilizando tejidos de abortos humanos provocados.

Para la preparación de dichas vacunas los virus deben ser cultivados en células en el laboratorio. La dificultad ética aparece cuando dichas células proceden de fetos humanos abortados de manera inducida. Asimismo, los propios virus también pueden obtenerse de fetos abortados que hubieran sido infectados por ese virus. Un artículo publicado en 2008 por la Asociación Española de Bioética y Ética Médica, escrito por José Luis Redondo Calderón asegura que las vacunas de células diploides humanas (WI-38, MRC-5) tienen un origen éticamente objetable, dado que dichas células proceden de abortos provocados. Entre ellas destacan vacunas empleadas contra la rubéola, sarampión, parotiditis, rabia, poliomielitis, viruela, hepatitis A, varicela y herpes zóster. Actualmente se encuentran en desarrollo otras vacunas cultivadas en células (293, PER.C6) transformadas mediante virus, procedentes de abortos.

Este ha sido el argumento para que distintas asociaciones, en su mayoría conservadoras, se hayan lanzado en una cruzada por vacunas y tratamientos que sean “moralmente aceptables”, tal es el caso del Observatorio de Bioética de la Universidad Católica de Valencia.

Tercero: hay que matizar la afirmación respecto a que las vacunas proceden de abortos humanos. Las vacunas no se hacen con fetos o tejidos de abortos, sino con células hechas en laboratorios. Es decir, las vacunas no se elaboran con tejidos fetales de abortos, sino que en algunos casos se emplean células creadas en laboratorio con un origen humano remoto. Los expertos en vacunología niegan rotundamente que estos medicamentos puedan llevar tejidos de fetos humanos extraídos de un aborto y precisan, en cambio, que se usan cultivos de células obtenidos en laboratorio, cuyo origen humano se encuentra en los años 60 en Suecia y el Reino Unido.

En el caso concreto de la vacuna de AstraZeneca contra la Covid-19 se ha utilizado adenovirus de chimpancé que se ha probado en líneas celulares humanas, que no forman parte de los ingredientes. Así pues, los científicos que elaboran las vacunas no trabajan con el material genético original, sino que utilizan líneas celulares creadas por medio de cultivos, copias y desarrollos de las células extraídas de tejidos humanos mucho tiempo después de su obtención.

Actualmente se usan dos tipos de líneas celulares (fibroblastos) de origen humano en la producción de vacunas virales, la primera línea se llama WI-38, abreviatura que significa que es la línea celular número 38 del Wilstar Institute de Filadelfia, Estados Unidos. La segunda es la MRC-5, procedente del Medical Research Council.

La WI-38 tiene su origen en el tejido pulmonar extraído, efectivamente, de un feto por el Instituto Karolinska de Estocolmo, tras el aborto voluntario de una mujer en Suecia en el año de 1962 y la MRC-5 tiene su origen en 1966, a partir también de un aborto voluntario. Estás células replicadas son el motivo de que las vacunas sean cuestionadas por algunos representantes de la iglesia católica.

Definitivamente puede haber una discusión ética al respecto. Pero es engañoso y manipulador decir que estas células son “nuevas” o que la exigencia del derecho a decidir es un negocio para las farmacéuticas.En todo caso, la Academia Pontificia para la Vida estableció el 9 de julio de 2005 que no va en contra de la moral católica utilizar estas vacunas si no hay otra alternativa, «en la medida necesaria para evitar un riesgo grave» para el conjunto de la población. Por lo que los católicos pueden tener la «conciencia tranquila» porque «el uso de tales vacunas no significa ningún tipo de cooperación con el aborto voluntario”.

En este sentido, la Congregación de la Doctrina de la Fe ha sido muy clara: si los ciudadanos no pueden elegir la vacuna que les van a poner «es moralmente aceptable utilizar las vacunas contra la Covid-19 que han utilizado líneas celulares de fetos abortados en su proceso de investigación y producción”.

Bueno, parece que toda regla tiene su excepción. Pues son los mismos clérigos que ahora piden su vacuna. La Arquidiócesis de Tulancingo, a cargo de Monseñor Domingo Díaz Martínez, solicitó a la Secretaría de Salud de Hidalgo que, junto con los servidores de la salud, también los “tomen en cuenta” para la aplicación de la vacuna contra el Covid-19, porque muchas veces están en contacto con enfermos.

Todos queremos la vacuna ya, y a veces nuestros compromisos éticos parecen volverse difusos cuando de sobrevivir se trata.