El tema de la brujería en la obra de Goya tuvo un importante desarrollo. A finales del siglo XVIII Goya elaboró una serie de 80 grabados titulada “Los Caprichos”, la cual compuso después de una aguda enfermedad que tuvo en 1793 que le dejó sordo. En esta serie se muestra cómo el horror ha triunfado sobre un mundo que se creía salvado por una razón que oculta un temible rostro abismático. Mediante los ritos nocturnos y lo grotesco, “Los Caprichos” devela el espejismo de la razón y la trágica desnudez de la existencia.

Paralelamente, Goya pintó para sí mismo “seis asuntos de brujas”, que luego vendió a los duques de Osuna en 1798. Por ese entonces, la aristocracia española sentía una curiosidad especial por la brujería, aunque ésta era criticada por los intelectuales como manifestación de la ignorancia del pueblo.

Pero de todas las obras de Goya, las más herméticas y que más se resisten a ser comprendidas son las “Pinturas Negras”. Bajo este nombre se agrupan catorce obras murales pintadas sobre paredes recubiertas de yeso (cinco de ellas aluden a la creencia en brujas). Las “Pinturas Negras” pertenecen a la estética de los sublime, emparentadas con otros pintores de la época como Füssli y Blake.

El aquelarre o El gran Cabrón. Serie: pinturas negras, 1819-1823

Para muchxs, el tema de las brujas en Goya es un reflejo de su vejez, desencanto y tendencia al satanismo (Paz, 1990 ); mientras que para otrxs, el retrato de las brujas tiene un trasfondo político en el que se muestra la intransigencia política y el fanatismo religioso que inundaba a España, y cuya base se encuentra en la superstición, la ignorancia y la locura de los poderosos (Heuken, 1974). Desde el retrato de la Brujería, Goya nos da su visión sobre la locura, lo absurdo, la educación, la prostitución, la superstición, el abuso del poder, la intransigencia y el fanatismo de una Iglesia anquilosada.

Las brujas de Goya sumergen al espectador en un mundo de tinieblas, lleno de demonios y rituales de hechicería. Son la imagen de una realidad negra, cerrada y desamparada. Las brujas y aquelarres se trocan en seres humanos movidos por la misma irracionalidad que caracteriza al enfrentamiento bélico que aquejaba a España.

El conjuro. Serie: asuntos de brujas para la Alameda Osuna, 1798

El número de interpretaciones sobre el papel que las brujas tienen en la obra de Goya es tan abrumador que ha sido imposible llegar a un consenso de la crítica sobre su significado exacto, si es que acaso existe. Se han buscado claves bíblicas, literarias, filosóficas, emblemáticas o mitológicas. Para Gaspar Gómez de la Serna, apoyado en Ortega y Gasset, lo demoníaco y monstruoso surge en la obra de Goya como efecto de la pérdida de la fe en la razón y no en la religión: «ésa es la causa profunda: lo que quiebra a Goya no es el sentido religioso ⎯ su fe en Dios ⎯ni tampoco su esperanza en la vida eterna, sino precisamente su sentido de la convivencia civil, su fe en el hombre como sujeto de la Historia» (Gómez de la Serna, 1969).


Al exorcizar a la bruja con la potencia de su pintura reveladora y purificadora, Goya exorciza a la razón develando sus límites, demostrando que la ausencia de sus principios universales no son solo la gran orfandad, sino el absoluto desamparo: el infierno mismo.

Vuelo de brujas. Serie: asuntos de brujas para la alameda de Osuna, 1978

También te puede interesar:

El diablo en la música: la relación entre música y horror

Halloween: la metafísica del Slasher

Brujería: rehabilitación del vientre y empirismo popular