Las perdidas: Un nuevo paradigma Cultural

Las perdidas un paradigma cultural

En 2017 toooodos topamos a Las Perdidas, un video que se viralizó, y aunque seas normal o hetere, estoy seguro que lo viste. Ese video sin sospecharlo ha desempeñado un papel determinante en el cambio de paradigma en el mainstream mexicano.

“Eso fue en el 2017 – Contó Paolita Suárez en una entrevista- Estábamos en el cerro, nos fuimos con unos amigos y de ahí unos fueron a comprar cerveza. Le dije a mi amiga (Wendy) ‘¿sabes qué? Vamos a hacer un video’. Según iba a ser foto y salió video. Y de repente Wendy dice: ‘Ay, nos venimos a ‘cotorrear con unos viejos’; todo salió espontáneo ese día”.

¿Pero la aparición tan repentina de Wendy, en el mainstream, realmente es señal de que las políticas de las disidencias sexuales están obteniendo buenos resultados?

 

El cambio de la representación

Cuando pienso en las referencias LGBT que había en los medios de comunicación mexicanos, por ahí de los 90s y 2 mil, solo se me viene a la cabeza la barra de comedia de televisa.

Recuerdo a Eugenio Derbez interpretando a Julio Esteban, a Agapito de Cero en Conducta, a Los Meseros, a Pauliester y claro “puto” de Molotov, la canción homofóbica por excelencia.

Es decir, se fijó una representación ridícula del homosexual, una exacerbación paródica que por años llevó al máximo la violencia histórica sobre los cuerpos disidentes.

Los medios de comunicación tuvieron un papel prominente en la estigmatización de la comunidad lGBT, fueron ellos quienes construyeron la base del insulto homofóbico.

Sin embargo “Las Perdidas” llegaron a cambiar esto. Tras la viralización de “Las pérdidas” y su posicionamiento en redes, Wendy Guevara llegó y ganó el Reality “La Casa de los famosos”. Su aparición en tv nacional tuvo un impacto notorio en las coordenadas políticas de representación LGBT.

El triunfo de Wendy abrió un espacio crítico y de cuestionamiento en un estrato social tan heteronormado como la clase media, considerado un espacio dominado por la violencia sexual y de género, determinado por reglas homofóbicas.

Este quizá es uno de los tópicos más importantes del efecto de las perdidas: el cuestionamiento a la heteronorma. Porque implícitamente el cuerpo travesti es cuestionamiento, un dispositivo orientado a desnaturalizar las divisiones de género y por lo tanto, como señala Héctor Dominguez Ruvalcaba,  desempodera al sistema de diferencias que apuntala a la sociedad homofóbica.

Es decir, solo la presencia de Wendy Guevara en el mainstream ya articula una enunciación crítica, una alteración a la esfera pública con un punto de vista disidente.

Nunca en la historia del entretenimiento de este país habíamos visto referentes trans, como las perdidas: Empoderadas, ganadoras, que no son objeto de burla. Liderazgos que desestabilizan el imaginario estereotipado impuesto por los aparatos hegemónicos de representación.

La homofobia: La causa mayor

No podemos perder de vista que la aparición de Wendy ocurre en un país tremendamente transfóbico, donde se generan en promedio 53 asesinatos de personas trans al año, según datos del Centro de Apoyo a las Identidades Trans. Dónde de acuerdo a la Comisión Ciudadana contra los Crímenes de Odio por Homofobia hay un crimen de odio cada dos días.

La implementación de nuevos referentes y representaciones traza la ruta de la normalización.  Ver a Wendy Guevara, pasar de ser un cuerpo trans racializado, a quien no le querían vender unas quesadillas de chicharrón prensado con nopales porque creían que no lo iba a pagar a ser una de las trans más exitosas, es algo muy simbólico.

O el caso de Paolita Suárez que ahora es candidata a una diputación local en León, Guanajuato. Uniéndose así a una lista de líderes trans que se dan el paso en la política.

Las trans políticas

Una de las grandes luchas de la comunidad lgbt (puedes ver este post) es la inclusión de las disidencias en el proyecto de nación. Si bien pocas líderes trans han concretado el salto a la escena política, también hay que señalar que en Latinoamérica hay una tradición de resistencia y lucha contra las normas heterosociales desde la política.

Podemos recordar a Luisa Trujillo, activista y líder transgenero peruana, que logró tener un lugar en la política peruana, que debemos tomar en cuenta que recientemente calificó la transexualidad como una enfermedad mental. Diane Rodríguez en Ecuador, quien ve con buenos ojos la inclusión de trans en la política: “Las formaciones estatales heteronormativas coloniales se están adaptando a la política sexual contemporánea y ya están involucradas en la normalización de las identidades y demandas trans”.

Sin duda, el éxito en la representación lleva a lo queer y transgénero por la ruta de lo político, la normalización y la integración dentro del Estado heteronormativo

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