Los Juniors, los lords y las ladys:  violencia y racismo en México

violencia de Juniors
Hace unas semanas se hizo viral el video en redes sociales donde se muestra la agresión que sufrió un guardia de seguridad por parte de un menor de edad en Lomas de Angelópolis, Puebla

La golpiza se originó porque el guardia pidió la identificación del joven. En las imágenes, se observa al Patricio P. golpear al vigilante, quien no opuso resistencia. El menor lo golpeó en el rostro, el pecho y la espalda, hasta que el guardia salió de la caseta de vigilancia.

El agresor le pidió a una mujer, que grababa desde su coche, que no lo grabara, y acusó frente a la cámara que el vigilante lo golpeó primero.

Otros oficiales de seguridad intervinieron y separaron al menor del vigilante, quien resultó con heridas leves.

Esta agresión al guardia de seguridad en Lomas de Angelópolis, así como el fenómeno de los juniors, son claros ejemplos del racismo, la violencia estructural y el clasismo en México.

¿Puede esto ser un tema de racismo?

Esta agresión al guardia de seguridad en Lomas de Angelópolis, así como el fenómeno de los juniors, son claros ejemplos del racismo, la violencia estructural y el clasismo en México.

Es llamativo ver cómo la violencia que proviene de los juniors, mayoritariamente ejercida por hombres, termina en impunidad. Racismo es ser el dueño de Orinoco y golpear a uno de tus empleados y que no pase nada. Racismo es ser Celia Lora, manejar ebria, asesinar a alguien y quedar en libertad. Racismo es ser el padre del político Mauricio Tabe, amenazar con un cuchillo a un trabajador y salir impune. Racismo es ser Lady 100 pesos, chocar ebria y hacerte viral.

De acuerdo con Ruby Hamad, en su libro «White Tears/Brown Scars: How White Feminism Betrays Women of Color», cuando un sujeto blanco se muestra herida o en problemas hay una inclinación inmediata por protegerlos y consolarlos, pero cuando una mujer o persona racializada hace lo mismo, se le cuestiona o el sistema es implacable con ellos.

En México existe un código social que jerarquiza cuerpos a partir de su color de piel, el color de piel determina acceso a una vida digna, derechos humanos, determina tu nivel socioeconómico, incluso si pisas la cárcel o no.

Estudios sociológicos recientes, como el proyecto PERLA de la Universidad de Yale en 2010, o la encuesta de Movilidad Social del INEGI en 2017 y el realizado por el Seminario sobre Desigualdad Socioeconómica de El Colegio de México en 2019, demuestran que en México existe una relación entre el color de la piel y la condición socieconómica, de modo que las personas con piel más blanca suelen tener más ingresos, mejores niveles educativos y ocupar posiciones más privilegiadas que las personas con piel más morena.

Históricamente ha existido un sistema que privilegia cuerpos con tonos más claros, el cual ha permitido usar su privilegio para oprimir, manipular, golpear y desacreditar a cuerpos morenos, como señala Ruby Hamad, “históricamente la blanquitud ha sido el referente con el cual se mide a las personas”.

¿Los privilegiados pisan las cárceles?

El racismo no es un tema teórico, no es un asunto de estereotipos, no es una cuestión solo de discriminación, es un sistema de opresión, un dispositivo ideológico de relaciones sociales, que califica cuerpos y se expresa en escenarios políticos, económicos, en la vida social y cultural de sociedades enteras.

“Yo me pregunto – cuestiona Mikaela Drullard, activista y escritora trans dominicana – ¿los tipos blancos, privilegiados pisan las cárceles? Cuando violentan, cuando cometen acoso ¿Los privilegiados blancos pisan estos espacios de encierro? No lo pisan. Al final todo esto se convierte en una herramienta imaginativa, donde parece que las personas morenas tienen justicia, pero en realidad, solo se perjudica a ciertos cuerpos que son travestis, trans, negros, prietos y desplazados”.

De acuerdo con Antonio Lara Duque, abogado defensor e integrante del Centro de Derechos Humanos Zeferino Ladrillero, indicó que entre las personas que son detenidas y encarceladas existe un común denominador en el parecido físico, “jóvenes con color de piel morena y que notoriamente son de clases populares …Así es como podemos explicarnos que las cárceles están saturadas, porque no es que haya una investigación, que haya un combate al delito, lo que pasa es que se están llevando a los jóvenes más pobres, a los más vulnerables socioeconómicamente hablando”.

“Lamentablemente – vuelvo a citar a Mikaella – los derechos humanos no son para todes y no todes accedemos a ellos por el hecho de ser “humanes”. La humanidad no es dada por igual, es un derecho heredado por la condición ciudadana de la hetero – cis – blanquitud. Siempre se reza el mantra liberal y moderno: “todas las personas nacen libres e iguales…”, ante lo cual me gustaría preguntar: ¿qué tipo de personas? ¿Dónde viven y en qué condiciones nacieron esas personas? ¿Son personas blancas heteroCis y sin discapacidad? ¿Son negras, trans o indias? ¿Dónde viven, es decir en qué geografías, barrios y residencias? ¿Por dónde se mueven? ¿Cuáles son sus posiciones en la matriz de dominación? ¿Qué ventajas y privilegios tienen/les heredaron? Lo cierto es que no somos iguales. La igualdad, la inclusión y esa narrativa liberal y multiculturalista de que todas tenemos derechos humanos por ser humanos es falsa, porque la humanidad es poder, es un privilegio blanco y porque no existen los derechos humanos”.

Quizá por ese sistema que resguarda a las personas privilegiadas sin mostrar ninguna consecuencia sobre sus actos de violencia, o que el mismo privilegio les permita huir como el caso de los Porkys o recientemente del alumno de la Anáhuac, es que más sujetos siguen golpeando a personas.

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