Navegando por un blog de vampirismo me encontré con esta pregunta: ¿Los n3gr0s cuando se vuelven vampiros cambian de color? La lógica del usuario “Neo-angelo13” era la siguiente: “la gente palidece al convertirse en vampiro, y va a peor con la edad. Eso esta claro. ¿Pero qué pasa con la gente de piel negra o morena natural, como muchos latinos y algunos españoles? ¿También se vuelven blanco leche con el tiempo? Es que me parece muy raro, se verían todos como albinos…”

El comentario pone de manifiesto un flagrante racismo. Pero también demuestra que la figura gótica del vampiro no solo encarna los miedos dominantes de la sociedad, sino también sus estereotipos raciales. Pues es innegable que la figura del vampiro está codificada en Occidente por el tropo de la raza y su esencial “blancura”.

¿Pero qué tan vinculada está la figura del vampiro con el color de la piel y cómo es que su representación en el cine ayudó a consolidar un ideal de blacura en Estados Unidos?

Lxs afrodescendientes han estado ausentes en gran medida de las películas y novelas de vampiros durante el siglo XX. Las pocas películas de vampiros negros surgieron en la era del cine blaxploitation, a principios y mediados de la década de 1970.

El Gnovis Journal de la Georgetown University publicó un artículo donde señala que los estereotipos raciales son inherente a las ficciones de vampiros. Y películas como Blade (1998) sirven de ejemplo para mostrar cómo funcionan las aparentes narrativas progresistas contemporáneas para ocultar los estereotipos raciales.

En su libro, “Vampires, Race, and Transnational Hollywoods”, Dale Hudson también afirma que la figura del vampiro fue determinante para la definición de la identidad blanca estadounidense.

Con su acento extranjero y costumbres anticuadas, el vampiro se convirtió en el monstruo predilecto y el receptáculo de la “otra” blancura. Drácula y Nosferatu, no solamente eran monstruosos por su fealdad y violencia, sino también por su condición de migrantes. Eran blancos pero no americanos. Las películas de terror transmitieron sentimientos tanto a favor como en contra de la inmigración de grupos que no se consideraban blancos durante su llegada a Estados Unidos durante las décadas de 1920 y 1930, particularmente húngaros, rusos y judíos.

Para audiencias socialmente conservadoras, la figura del vampiro sirvió como evidencia indiscutible de traición y contaminación. El vampirismo era equivalente a la traición, no solo contra la nación sino también contra la raza, por lo que la mezcla de sangre se convirtió, literalmente, en «un destino peor que la muerte”.

Las películas clásicas de vampiros de Hollywood sirvieron como un medio por el cual las fantasías y ansiedades sobre la inmigración fueron evocadas en la pantalla, sin representarlas directamente, durante momentos de una radical transformación social, políticas migratorias y redefinición legal.

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