Matrix es una maravillosa recreación que el cine de ciencia-ficción ha hecho de un típico argumento escéptico. Esta palabra, escepticismo, se suele asociar con incredulidad o falta de confianza. En la historia de la filosofía el escepticismo ha sido una pieza fundamental que ha estado presente desde la antigüedad hasta nuestros días. La Enciclopedia de Filosofía de Stanford define el escepticismo como la postura que sostiene que no podemos tener conocimiento dentro de algún ámbito en específico. Por ejemplo, hay quienes sostienen que no podemos tener conocimiento de los principios morales que gobiernan una sociedad o que no podemos justificar nuestras creencias morales o su verdad. A este tipo de escepticismo se le llama escepticismo Moral.

Pero hay otro tipo de escepticismo más abarcante, aquel que dice que no podemos tener conocimiento en absoluto, que no podemos estar seguros de que nuestro conocimiento esté libre de error y que por eso no podemos conocer, con certeza, el mundo que nos rodea. Este tipo de escepticismo nos dice que no podemos tener un conocimiento libre de duda y si no podemos erradicar la duda, mejor nos valdría asumir que no podemos conocer absolutamente nada.

Una muestra de este tipo de escepticismo es el experimento mental de Cerebros en Cubetas propuesto por el filósofo estadounidense Hilary Putnam. Imagina que somos cerebros sin cuerpo flotando en una cubeta que contiene fluidos nutrientes. Este cerebro está conectado a una supercomputadora cuyo programa produce impulsos eléctricos que estimulan las terminaciones nerviosas del cerebro, exactamente de la misma manera en que los cerebros normales son estimulados en condiciones ordinarias.

Si fueras un cerebro en una cubeta no podrias distinguir entre una experiencia real y una fabricada. Por ejemplo, tu creencia de que en este momento estás sentado frente a tu computadora o celular leyendo este texto es falsa, ya que en realidad estarías metido en una cubeta, sin cuerpo y sujeto a los caprichos de una súpercomputadora. Para estar seguros de que nuestras experiencias son reales, genuinas y verdaderas debemos descartar la idea de que algo pueda estar introduciendo algun tipo de falsedad, es decir, debemos descartar la idea de que somos cerebros en cubetas.

Podemos expresar el argumento de cerebros en cubetas así:

(ME1) ~S [~CEC]

(ME2) Si ~S [~CEC], entonces ~S [O’]

Por lo tanto:

(CE’) ~S [O’]

(ME1) ~S [~CEC]: la primera premisa dice que un sujeto S, llamado Sancho, no puede demostrar que la hipótesis de Cerebros en cubetas es falsa y por eso no puede descartarla, ¿pues cómo podría? Cualquier representanción mental o intento de solución podría ser un engaño de la supercomputadora. Si todo contenido en nuestras mentes puede ser inducido incluso nuestros intentos de descartar la hipótesis de cerebros en cubetas podrían ser un error.

(ME2) Si ~S [~CEC], entonces ~S [O’]: la segunda premisa dice, si Sancho no puede descartar la hipotesis de Cerebros en cubetas entonces no puede saber que está sentado frente a su computadora viendo este vídeo pues cabe la posibilidad de que todo sea una imagen fabricada y que no sea real, por tanto, si Sancho no puede descartar que es un cerebro en una cubeta entonces no puede asegurar que sus creencias sobre el mundo sean ciertas.

La conclusión es: Sancho no sabe en realidad si de verdad está sentado frente a su computadora leyendo esto, pues todo puede ser una una ilusión. ¡Sancho no sabe nada con seguridad, nada de nada! Para decir que puede saber algo con seguridad debe descartar la hipótesis de cerebros en cubetas, esto es, eliminar cualquier posibilidad de error, pero eso es imposible.

Te puede sonar muy loco que nuestro conocimiento dependa de descartar una hipotesis tan extraña. Pero la fuerza de este experimento mental descansa en un principio lógico en el que nos apoyamos para tener conocimiento a diario, llamado el principio de cierre epistémico. El principio es el siguiente:

(PCE)  Si S sabe que p, y S sabe que p implica q, entonces S también sabe que q.

Este principio nos dice que si Sancho sabe que está lloviendo, y sabe que la lluvia implica que la calle está mojada, entonces Sancho también sabe que la calle está mojada. Pero como Sancho no sabe si es o no, un cerebro en una cubeta, entonces no puede estar seguro de que realmente sabe otras cosas.

¡Es como en Matrix! Neo pensaba que él era un programador llamado Thomas Anderson que vivía una vida ordinaria en una ciudad de Estados Unidos. Pero nada de eso era cierto, pues en realidad era un cuerpo en suspensión con su mente conectada a una simulación física.

Nada de lo que Neo vivía en esa simulación era real, pues él estaba realmente siendo “cosechado” por inteligencias artificiales súper avanzadas, para obtener energía y perpetuar el dominio de las máquinas. Mientras Neo vivía en la Matrix todas sus creencias eran falsas, la calle en la que caminaba, el gato que pasaba a un lado, la chica de vestido rojo que camina entre la gente, solo hasta que Morfeo le muestra su condición de cerebro en una cubeta es que Neo puede ver la realidad.

En la película es Morfeo quien saca a Neo de la Matrix ¿pero a nosotros quien nos puede ayudar a descartar la hipótesis de que somos cerebros en cubetas?

La Matrix es una maravillosa recreación que el cine de ciencia-ficción ha hecho de un típico argumento escéptico. Y aunque pudieran ser argumentos descabellados representan un reto para quien quiere demostrar que el conocimiento del mundo es posible.

¿Qué es la realidad?¿Cómo puedo conocerla? ¿Es posible un conocimiento infalible de ella? ¿debemos preocuparnos por su infalibilidad o debemos aceptar que incluso nuestras mejores versiones del mundo son siempre parciales y sesgadas? Y ¿Si nuestro conocimiento no puede descartar el error qué pasa con la verdad, ésta también sería un error?

¿Tú qué piensas?

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