Midsommar (2019), del director Ari Aster, se anunció como una película de horror a plena luz de día. Entendiendo esto en un sentido literal, la propuesta parecería no ser innovadora. “The Shining”(1980) de Stanley Kubrick retoma los elementos góticos que tradicionalmente son asumidos en el género y los expone a plena luz de día, provocando el mismo horror en el espectador que acaso podría provocarle la noche. Pero claro, Midsommar no es una historia gótica, como sí lo podría ser “The Shining”, en cierto sentido. Por el contrario, la cinta de Ari Aster funciona bajo la premisa de que el horror no se reduce al monstruo que acecha en la oscuridad de nuestra habitación, sino que está presente en aquello que sucede a diario, a plena luz del día y con el consentimiento de las personas, las leyes y los Estados. Por lo que, si el horror también existe a luz de día y a la vista de todos, no hay un lugar seguro para esconderse.

Para Noor Al-Sibai, las críticas a la película de Ari Aster parecen haber pasado por alto que Hårga (la comunidad nórdica a la que llegan Dani (Florence Pugh), su novio Christian (Jack Renor) y sus amigos Mark (Will Poulter) y Josh (William Jackson Harper), por invitación de un tercer amigo, Pelle (Vilhelm Blomgren)) es el sueño húmedo de cualquier supremacista blanco.

Al-Sibai destaca el hecho de que los habitantes de Hårga codifican todas sus prácticas alrededor del color blanco. “Desde la vertiginosa y casi perpetua luz del sol hasta la ropa que usan los Hårga, la blancura simboliza la unidad del culto. El color, en la ropa de los forasteros y especialmente en la piel de Josh y de los visitantes británicos Connie (Ellora Torchia) y Simon (Archie Madekwe), es una señal visual instantánea de la alteridad”.

Equiparar a Hårga con un culto supremacista blanco va más allá de sus vestimentas. El trasfondo mitológico de la comunidad ficticia de la cinta de Aster parece coincidir con la obsesión que los grupos neonazis, de Europa y America del norte, tienen con la mitología nórdica y su simbolismo. Por ejemplo, la runa del sol negro fue popularizada por los nazis antes de la Segunda Guerra Mundial, y se puede ver en las banderas y símbolos que los supremacistas blancos portan en Estados Unidos. También se puede mencionar la runa Othala u Odal, muy común en la simbología supremacista. Las runas nórdicas han sido un motivo constante en el imaginario de estos cultos y asociaciones.

Para Noor Al-Sibai resulta sumamente complicado ver Midsommar sin vincularla con la obsesión de la rúnica nazi. De hecho, la puerta de medio sol a la entrada del complejo de la comuna se asemeja a la runa del sol negro, y el Odal se ve en al menos una prenda de vestir de Hårga. Además, los miembros de la comunidad guardan una inusual reverencia a la pureza genética. Por lo que, con un claro matiz racial, Hårga es claramente un grupo de supremacistas blancos que anuncian con orgullo la pureza de su linaje.

Las costumbres y prácticas de los Hårga nos recuerdan el comportamiento opresivo que demuestran varios grupos antimigrantes en los Estados Unidos. De hecho, cuando vemos entrar a Dani y sus amigos al pueblo sueco, hay una pancarta antimigrante que advierte a los forasteros de no entrar. Ni mencionar la clara referencia al nazismo en el libro que aparece sobre la mesa en el departamento de Christian: “El lenguaje secreto nazi del Uthark”. El Uthark hace referencia a cierta interpretación oculta en la hilera rúnica.

Todo nos indica que el grupo de estudiantes citadinos clasemedieros se dirige directamente a la antesala de una comunidad de supremacistas blancos. Comunidad que ha disfrazado su sistema de creencias racista con el color de la tradición milenaria y el mito. La comuna de los Hårga ha adoptado y adaptado los mitos de un pasado vikingo para apoyar su proyecto social, de la misma manera en que los confederados de Estados Unidos glorifican su bandera y una historia idealizada para justificar sus creencias racistas y nacionalistas.

De ninguna manera podría asegurar que la cinta de Aster es una apología a las ideologías neonazis. Podría considerársele una sátira de las sectas y cultos racistas de la ultraderecha que cada vez se extienden más alrededor del mundo. Sin embargo, el final de Midsommar nos hace pensar en la actitud y la tolerancia que debemos tener ante este tipo de asociaciones, así como realizar un ejercicio crítico hacia la cinta misma. Pues la ausencia de un juicio moral respecto a estos cultos supremacistas podría hacer pensar, como lo hace el crítico cultural Richard Brody, que»el tema de ‘Midsommar’ es el absurdo y la torpeza de suspender el juicio moral para otras culturas en nombre de la curiosidad, el respeto o el relativismo”.

Pensemos en el final de la cinta y saquemos algunas conclusiones. A diferencia de otras películas del género, Dani, la sobreviviente, no rompe con el sistema de creencias de la comunidad, sino que termina por acoplarse a él, lo abraza. Se suele pensar que Midsommar es una película sobre el empoderamiento femenino, la familia y la superación del trauma, pero como señala Xine Yao, Dani logra escapar de la muerte (como no lo hicieron sus compañeros) uniéndose a la comunidad aria. La cinta de Aster retrata la travesía en la que una persona vulnerable psicológicamente, rota emocionalmente, puede encontrar su hogar y familia en el terror de los supremacismos y el radicalismo.

No obstante, pareciera ser que debajo del planteamiento de Midsommar subyace la idea de que las personas no-blancas pueden ser sacrificadas como ofrenda al reclamo feminista blanco del yo y la pertenencia. Dani logra encontrar su familia y hogar con los Hårga, estos le ayudan a llorar, conectarse con sus emociones y hacer frente a sus propias necesidades emocionales. Dicho de otro modo, los Hårga le brindan el sistema de apoyo que necesita desesperadamente, y le ayudan a superar la dependencia que tenía con su novio y la muerte de sus padres y hermana.

La última escena, la de la coronación como «May Queen», retrata a una Dani que ha sido aceptada en el seno de una nueva familia de supremacistas blancos. Por otra parte, si se insiste en una lectura feminista, no se debe olvidar que este sacrificio en nombre del empoderamiento feminista blanco tiene sus paralelos reales en el sistema global capitalista que sustenta el idílico estilo de vida de los países nórdicos a costa de la explotación en los países latinoamericanos, africanos y asiáticos.

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