Oppenheimer: la barbarie de la ciencia blanca y patriarcal

La promesa de la ciencia blanca y patriarcal era el progreso humano, pero su pseudo-iluminismo se ha sumido en la barbarie
Oppenheimer, la última película de Christopher Nolan ha recaudado billetes como si fuera una película de superhéroes y no una cinta de tres horas sobre científicos que construyen bombas. El drama protagonizado por Cillian Murphy en el papel del “padre” de la bomba atómica J. Robert Oppenheimer ha recaudado hasta ahora 174,1 millones de dólares en Estados Unidos solamente, más otros 72,4 millones de dólares en otras partes del mundo.
Sin embargo no todo ha sido recaudación y bonanza, desde antes de su lanzamiento la película fue acusada de racista, debido a que todos los actores confirmados eran blancos: Cillian Murphy en el papel protagónico, Robert Downey Jr. como el político que está en contra de Oppenheimer, Matt Damon como el teniente general Leslie Groves Jr., quien fue el director militar del proyecto Manhattan, Emily Blunt como Kitty, la esposa de Oppenheimer, y Florence Pugh como la amante de Oppenheimer. Así como también Kenneth Branagh, Rami Malek, Josh Hartnett, Jack Quaid, David Dastmalchian, Dane DeHaan, David Krumholtz, Louise Lombard, Alden Ehrenreich…todos blancos y caucásicos.

Como si no fuera suficiente, después de su estreno se sumó la acusación de misoginia, y es que ninguno de los personajes femeninos de la cinta pasa el Test de Bechdel o The Rule, un método para evaluar la brecha de género en películas, series u otras producciones artísticas, que consiste en evaluar la aparición de al menos dos personajes femeninos que puedan mantener una conversación que no tiene como tema un hombre.

Ciencia blanca y patriarcal

El asunto es que Nolan ignoró por completo el papel crítico que desempeñaron las mujeres científicas en el Proyecto Manhattan. A pesar de enfrentar desafíos y discriminación, las mujeres científicas hicieron contribuciones fundamentales en varias áreas clave: trabajaron como químicas, físicas, técnicas de explosiones y bibliotecarias. Maria Goeppert Mayer, por ejemplo, una de las participantes del proyecto Manhattan, obtuvo tras su participación en el proyecto — nada más y nada menos que — un Premio Nobel..
Las acusaciones no son meros castillos en el aire. Nolan hace una representación de la ciencia bastante blanca y patriarcal, que coincide con la narrativa hegemónica del progreso y la historia de la ciencia que se enseña en occidente. Es un hecho que, aunque en la historia de la ciencia han existido mujeres y personas no blancas que han destacado por su trabajo, los mayores representantes de la ciencia occidental han sido hombres blancos. O al menos eso nos ha hecho creer esta narrativa hegemónica. Nolan repite al pie de la letra este discurso. Sin embargo, también es un hecho que esa ciencia blanca y patriarcal terminó por engendrar la barbarie.
Se suele pensar equivocadamente que “la ciencia es ciencia”, es decir, que se encuentra exenta de valores políticos y sociales. Pero afirmar tal cosa implica desconocer que toda investigación científica se gesta en el seno de una sociedad ubicada en un contexto histórico y material específico. Helen Longino, filósofa de la ciencia y feminista, ha cuestionado duramente la narrativa hegemónica de la ciencia, y ha señalado que los contextos científicos de investigación han sido, y continúan siendo eminentemente patriarcales y discriminatorios. Por ejemplo, muchas mujeres fueron apartadas de las Universidades y sólo pudieron conquistar su ingreso hasta la segunda mitad del XIX, y aunque participaron en la producción del conocimiento no han tenido el reconocimiento merecido.
No sería equivocado afirmar que el estado de la ciencia durante la segunda guerra mundial era eminentemente blanco y patriarcal. Con esto no estoy diciendo que Nolan tuviera la intención de mostrar al público este aspecto negativo de la investigación científica durante el periodo de guerra. Solamente que su imagen de la ciencia se atiene a una narrativa hegemónica que debería ser cuestionada y erradicada por diversos motivos.

La promesa de la ciencia blanca

Se debe tener siempre en cuenta que la promesa de esa ciencia blanca y patriarcal era el progreso humano, pero su pseudo-iluminismo se ha sumido en la barbarie y su sueño ilustrado se convirtió en pesadilla. Las dos guerras mundiales del siglo XX y en especial la Segunda, dejaron una estela de decepción, desengaño y escepticismo. Los ideales de progreso desembocaron en la irracionalidad de las dos bombas lanzadas sobre Hiroshima y Nagasaki.

La ciencia y sus narrativas requieren de una visualización crítica. Y se debe señalar el desenlace de la narrativa hegemónica, blanca y patriarcal: el terror tecnológico. Las acusaciones de racismo y misoginía hacia Oppenheimer son, a mi juicio, ciertas. Pero el problema es que estos valores negativos no son un problema solamente de la película de Nolan, sino de las prácticas científicas. Hemos llegado al punto en que hemos creado la tecnología necesaria para destruirnos sin dejar rastro de nosotros. Una visión crítica y ética es urgente.

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