Son tiempos difíciles:las tasas de desempleo están por los cielos, la economía no fluye, y el poco trabajo que hay paga miserablemente. La famosa doctrina de Margaret Thatcher de que “No hay alternativa” tenía como mensaje implícito que no había nada mejor que el capitalismo. Hoy la doctrina tiene un peso ontológico mayor: el capitalismo ya no es solo el mejor sistema disponible, sino el único sistema posible.


No es sorprendente sentir depresión y ansiedad en estos tiempos pandémicos. Pero la causa de la enfermedad no solo es el virus, sino las dinámicas del Capital, del subempleo, de la competencia individual, del home office, de la productividad a costa de lo que sea. Y en una especie de círculo monstruoso, las compañías farmacéuticas nos venden la droga necesaria para sentirnos mejor. Así, las causas sociales del malestar quedan de lado mientras que, inversamente, el descontento se individualiza e interioriza. Es más fácil prescribir una droga al paciente que efectuar un cambio en la organización económica y social.


Dentro de este círculo monstruoso existe una multitud de predicadores mágicos que ofrecen la felicidad en unos cuantos pasos. Timadores que operan explotando la definición de felicidad y autorrealización que el mismo Capital nos ha impuesto y que son capaces de vender esta felicidad sin sentir culpas, cobijándose siempre en “la ingenuidad enorme de la persuasión comercial”, beneficiándose del mismo sistema de explotación humano que nos ha llevado hasta este límite.


Mark Fisher se refiere a estos timadores como “voluntaristas mágicos”, pues pregonan que con la ayuda experta de sus consejos serás capaz de cambiar el mundo, porque en última instancia los problemas del mundo no dependen de un sistema de explotación social, sino de tus chakras y tu voluntad. Nos aseguran que las trabas a nuestro potencial son internas: si no tenemos éxito, es porque no hacemos el trabajo necesario para reconstruirnos. Quieren convencernos de que el problema somos nosotrxs y no el sistema de explotación del cual ellxs son beneficiarios.
La propagación del “voluntarismo mágico” fue crucial para el éxito del neoliberalismo. Su intención consistía en capturar los deseos de la clase explotada que deseaba liberarse de las restricciones que el mismo Capital les había impuesto, por eso las ideas de “autoayuda” se volvieron influyentes en los programas de TV más populares. Hoy tenemos a estos mismos pregoneros en YouTube, Instagram, Twitter, Spotify y por cualquier medio que el Capital se los permita, ofreciéndonos ilusiones místicas dentro de la misma lógica del consumismo individualista, instaurando nuevos mecanismos de abuso económico, psicológico y sexual.


El “voluntariado mágico” es la ideología espontánea de nuestra época. Pero debemos darnos cuenta que no necesitamos “autoayuda”. Lo que necesitamos es “ayuda” y la fraternidad de los otrxs.

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