Música hecha por mujeres
Música hecha por mujeres

“Hubo un tiempo en el que yo creía tener talento creativo, pero he renunciado a esa idea; una mujer no debe tener el deseo de componer: si ninguna ha podido hacerlo, ¿por qué iba a poder yo?» Escribió Clara Schumann, una de las compositoras e interpretes más importantes en la historia de la música.

Aunque ya no vivimos en los tiempos de Clara Schumann, es una realidad que ser mujer y hacer música sigue siendo un proceso complicado. Muchas veces las mujeres que hacen música están sujetas a prejuicios, a una mayor exigencia de imagen, calidad y el cumplimiento de estereotipos.

En la industria musical las mujeres, por más famosas que sean y por más que hayan comprobado su calidad musical, siempre están sujetas a prejuicios sexistas que las infantilizan y demeritan su trabajo, un claro ejemplo de esto son las entrevistas, donde florecen los sesgos machistas cuando los entrevistadores hombres les preguntan más sobre sus relaciones personales que sobre sus procesos creativos.

No es de extrañarnos que en el escenario de la música, como en la literatura, cine y otros aspectos de la vida, nuestra concepción esté moldeada por voces y narrativas masculinas, que invisibilizan la identidad de mujeres. Es decir, durante muchos años hemos leído y escuchado voces de hombres que universalizan su experiencia haciéndola pasar muchas veces como única.

Escuchar, leer y consumir narrativas de mujeres nos abre la puerta a voces ignoradas, a la interseccionalidad, a empatizar. Como escribió la actriz trans Cristina Ortiz, La Veneno, “de lo que no se habla no existe, y lo que no existe se margina”.

Consumir música de mujeres también nos ayuda a dejar de creer que existe una solo historia que contar: la masculina. Durante gran parte de la historia de la música hemos escuchado, leído y consumido voces masculinas, toda una estructura basada en eso. Debemos empezar a dar un giro hacia otras voces, escuchar experiencias diferentes, cuestionar ese orden masculino.

Algo muy similar a lo que la escritora nigeriana Chimamanda Ngozy le ocurrió al hablar sobre el impacto que representó para ella el descubrir la literatura africana, cuando creció con libros estadounidenses y británicos: “me salvó de creer que solo existe una historia que contar”.

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