Por mucho que te resistas, el reguetón está por todos lados. Y su ritmo pegadizo seguramente te ha hecho perrear bien abajo, hasta el piso. No se sabe con precisión si los orígenes del reguetón están en Panamá o en Puerto Rico, tampoco si se inició en los setentas o en los ochentas. Lo que sí sabemos con seguridad es que su mezcla de reggae, dance hall, hip hop, salsa y rap ha revolucionado la escena musical contemporánea. Aunque también se le ha considerado un género sexista, pues sus letras y coreografías usualmente están asociadas con la violencia machista y la objetivación de la mujer.

Y quizás, sí existan buenas razones para considerar que el reguetón puede ser misógino y violento, pues algunas de sus letras ven a la mujer como sujetos pasivos y a sus cuerpos como simples objetos de deseo. Mucho se ha hablado, por ejemplo, de Maluma y su canción Cuatro Babys:

“Estoy enamorado de cuatro babies
Siempre me dan lo que quiero
Chingan cuando yo les digo
Ninguna me pone pero”

O La canción Contra la pared de Jiggy Drama:

“Si sigues en esta actitud voy a violarte,
hey que comienzo contigo y te acuso de violar la ley
así que no te pongas alsadita
yo sé que a ti te gusta porque estás sudadita”.

Sin embargo, la estigmatización del reguetón como un género exclusivamente machista ha ido perdiendo popularidad, debido a la incursión de mujeres jóvenes que han cambiado el mensaje sexista por letras con una fuerte carga feminista. Tal como lo hizo la reina de reinas: Ivy Queen, que con su imagen agresiva y potentes letras, Ivy confrontó la estructura patriarcal y heteronormativa en la que nuestros cuerpos son vistos como simples instrumentos para la procreación. En sus letras, Ivy plasmó explícitamente su sexualidad y deseo de placer disasociándolos de la expectativa de ser madre o esposa, reafirmando así su derecho al gozo libre:

“Porque soy yo la que mando, soy la que dice cuando vamos al mambo”.
Quiero bailar, 2003.

Otras reguetoneras, como Tomasa del Real, han utilizado sus letras y estética para llevar su sexualidad fuera del plano privado, adueñándose públicamente de su cuerpo, de su placer y de las calles. Tumbando así el falso ideal patriarcal de “la buena mujer”:

«pero mami hasta el suelo que se rompa el piso tú te pones como gata con tu pelo lisose porta bien bellaca pero sin permisote meto presa por decomiso…
no es una santa, nunca fue a misa felina sucia le rompe camisaes como droga, pura maliciapega los cachetes en la repisa… dale deprisa».

El reguetón siempre ha sido y seguirá siendo muy incomodo. Y más allá de la discusión respecto a si la música tiene una obligación social o didáctica, no está de más informarnos y tener recursos suficientes para manejar de manera crítica la información que recibimos. Pues el machismo y la misoginia no son exclusivos del reguetón, sino que están presentes en muchos lados.

Hace un par de años, la musicóloga y feminista Laura Viñuela se vio envuelta en una polémica por afirmar que letras de Joaquín Sabina y Alejandro Sanz eran veladamente machistas. El problema con Sabina, según Viñuelas, es que sus canciones construyen un imaginario femenino muy negativo en el que se sigue vinculando a la mujer con lo convencional y lo domestico. En una de sus canciones más famosas: “Y morirme contigo si te matas”, no solamente se vincula al amor con la violencia. Si no que además se afianzan estereotipos, pues en sus canciones el lugar de la mujer está en la casa, ir al mercado, las vecinas con puchero, los 14 de febrero…mientras él no quiere que nadie le elija su champú, ni que le corten la coleta. En resumidas cuentas, él quiere seguir siendo un espíritu libre pero ella es su cortapisa.

El problema con este machismo disfrazado de romanticismo, es que los hombres siguen cantando a un modelo de mujer perfecta y cuando lo proyectan en el mundo real, casi nunca coincidimos. Y no nos dejemos engañar, el machismo que se disfraza de ternura y romanticismo es igual o más peligroso que el machismo explícito. Como afirman Jenny Cubells y Andrea Calsamiglia: el amor romántico perpetúa y orienta las formas “adecuadas” de sentir, pensar y actuar, favoreciendo las subjetividades convenientes para la reproducción y mantenimiento del orden patriarcal.

Sin duda el feminismo cada vez se ha vuelto más rentable, por lo que su incursión en la música urbana se ha vuelto algo natural y provechoso para la industria. Pero eso no lo hace negativo ni le quita mérito. Por el contrario, el que un género como el reguetón esté siendo alimentado por un pensamiento más inclusivo es algo que nos beneficia a todo.