Vedettes
Vedettes

La danza comúnmente es estudiada como una expresión artística de alto nivel, realizada por profesionales a las artes escénicas. Sin embargo, la danza, como forma de entretenimiento, muy pocas veces es tomada en cuenta.

La danza como entretenimiento en México es el resultado de un conjunto de influencias e intercambios culturales. Personajes como Esperanza Iris y María Conesa revolucionaron la escena a principios del siglo XX. Desde países como Estados Unidos, Francia, España y Rusia se importaron espectáculos como el cabaret, el charlestón y el orientalismo, dando como resultado la tradición del Vedettismo.

Las primeras veddetes aparecieron en la vida nocturna, en la década de 1920 y luego migraron hacia la pantalla grande, en los 40. En plena época de oro del cine mexicano, personajes como Ninón Sevilla, Rosa Carmina, Meche Barba, María Antonieta Pons y Amalia Aguilar revolucionaron la industria del entretenimiento en el país.

Dicha revolución consistió en combinar la samba, mambo y el chachachá, un estilo que además unió el modo del cabaret, con un toque latino. De pronto el cine mexicano retomó esta forma de entretenimiento y se convirtió en un género cinematográfico. El cine de rumberas se transformó en uno de los primeros grandes fenómenos taquilleros, gracias al talento de las bailarinas y su sexualización.

Figuras como María Félix, Silvia Derbez, Gloria Marín fueron las encargadas de llevar el cabaret a la pantalla grande. Hay que mencionar actrices como Silvia Pinal, Lilia Prado, Ana Bertha Lepe y Ana Luisa Peluffo que también hicieron carrera en el género.

Cuando el Vedettismo ya era parte del mainstream en un submundo, aparecieron vedettes que intentaron ir más allá, las “Exóticas” retaron la moral de la época, con diminutos vestuarios y nombres extravagantes como Tundra, Tayluna, Kurumba, Nana, Kalatán, Tongolele, conformaron la nueva escena, formada completamente en la clandestinidad.

Tongolele fue LA vedette de la época. Su imagen se reprodujo en periódicos, teatros, restaurantes, cantinas, cabarets y marquesinas al punto que las autoridades eclesiásticas repartían volantes en la ciudad para advertir que todo aquel que cometiera el pecado de ver y aplaudir a Tongolele sería excomulgado.

Las rumberas “exóticas” se convirtieron en la encarnación del erotismo, una protesta contra los principios de la danza clásica. Cuando una “exótica” aparecía en el escenario, éste se transformaba en una representación movimientos salvajes, sexuales, aullidos, gritos, una invocación de la naturaleza sexual. Todo lo contrario, a lo que ocurría en la danza de academia.

Cuando una “exótica” aparecía en el escenario, éste se transformaba en una alegoría de movimientos salvajes, sexuales, aullidos, gritos, una invocación de la naturaleza sexual. Todo lo contrario, a lo que ocurría en la danza de academia.

Las vedettes fueron la expresión de una Ciudad de México en crecimiento económico y social. Donde la vida nocturna era parte de la oferta cultural de la ciudad. Los antros, bares, hoteles se transformaron en centros donde acudían artistas de todo el mundo.

En los años 50 y 70, la vida nocturna en México creció de manera exponencial. En aquella época la Ciudad de México se consolidó como una de las grandes capitales de entretenimiento. Incluso en los 80 un gestor cultural llamado Henry Donnadieu tuvo la osadía de invitar a Andy Warhol a la apertura de un nuevo centro nocturno en la ciudad, evento que quedaría truncado por la repentina muerte del artista.

La década de los 70 México contaba con la infraestructura de entretenimiento al nivel de Las Vegas, y durante esa misma época surgió la última gran generación de Vedettes mexicanas.

No olvides visitar la exposición de Google y Museo del Estanquillo Colecciones Carlos Monsiváis, «Vedettes: glamour y erotismo en movimiento», de donde hemos tomado esta información.

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