La estatua de Cristóbal Colón llegó a México hace casi 150 años procedente de París y desde 1877 presidió una de las glorietas del Paseo de la Reforma, la avenida más emblemática de la capital. Hoy existe una gran polémica por su retiro, pues hay quienes afirman que eso es un atentado contra la historia. ¿Pero retirar la estatua de Colón es realmente un atentado contra la historia? Lo cierto es que no. Aquí te decimos por qué.

El derribamiento o retiro de una estatua no es un atentado contra la historia, pues el hecho constituye un acontecimiento histórico en sí mismo. Para el historiador Enzo Traverso el derribamiento de una estatua no borra la historia. Por el contrario, nos hace verla con más claridad, demostrando que esta puede volverse a contar desde otros puntos de vista, empalmar una versión de la historia con “la verdad” es un instrumento de la ideología.

Las estatuas poco o nada tienen que ver con la historia. Son, ante todo, un elemento de propaganda, un intento de legitimación del poder. Muchas estatuas a Colón en Estados Unidos no fueron levantadas en homenaje a la comunidad hispana. Por el contrario, fueron erigidas por la comunidad italiana de finales del siglo XIX y principios del XX como reacción a la marginación que sufrían por parte de los estadounidense de ascendencia anglosajona. Con el levantamiento de las estatuas a Colón la comunidad italiana proclamó su ascendencia genovesa para decir que, de alguna manera, ellos habían llegado primero.

Siempre se han derribado estatuas con motivo de conquistas, revoluciones, protestas y cambios de régimen. Retirar o derribar una estatua es un acto de simbología política, por ese motivo el debate no pertenece al ámbito de lo histórico sino de lo político. No es de extrañar entonces que las reacciones vengan inmediatamente de la clase política más conservadora o afectada. Como por ejemplo, la derecha mexicana:

El jefazo Diego se equivoca al utilizar el término”falsear”. La historia no se “falsea” sino que se cuenta de diferentes maneras. “Falsear” implica poner algo a prueba y demostrar su “falsedad”, retirar la estatua de colon no es demostrar que la historia es falsa. Hablar de la historia en términos de verdad y falsedad es recurrir a las argucias de la ideología y la política, es intentar imponer una versión de la historia sobre otra.


Boris Johson, por ejemplo, se escandalizó cuando una estatua de Churchill recibió la pinta de “racista”. Emmanuel Macron, ante las protestas antirracistas en Francia señaló: “la República no borrará ninguna huella y figura de su historia. No derribará ninguna estatua”. O exclamaciones todavía más aberrantes como la del partido Vox de España que en un Tuit dijo: “Los terroristas callejeros del Black Lives Matter no solo son violentos. También analfabetos. Gracias a Cristóbal colón y los Reyes Católicos millones de personas se liberaron de la esclavitud, la barbarie y el canibalismo en América”.


Claramente los conservadores del partido VOX parecen no tener en cuenta aquello señalado por Walter Benjamin respecto a que no hay ningún acto “civilizatorio” que no sea, al mismo tiempo un acto de barbarie.


En el debate público es muy fácil confundir la historia con la memoria. Y los monumentos y estatuas no forman parte de la historia de un pueblo sino de su memoria viva, la cual no es fija sino que siempre está en constante cambio, escribiendo y reescribiéndose constantemente.


Sin embargo, el retiro de Colón del Paseo de la Reforma no es un posicionamiento político civil, no es el resultado de una protesta social que busca reivindicar los derechos de los pueblos indigenas. Es una decisión y orden del gobierno en turno. No es un llamamiento de las personas a reescribir la memoria de un pueblo colonizado sino un posicionamiento político que busca legitimar las decisiones y el actuar de un gobierno que se dice de “izquierda” pero que en su hacer más de una vez se ha demostrado “conservador”.


¡Sí al retiro de la estatua de Colón y de todos los llamados “colonizadores”! ¡No a que la identidad y memoria de un pueblo sea escrita por sus gobernantes!

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