Saint Maud es una película de terror psicológico ambientada en un contexto religioso, escrita y dirigida por Rose Glass. Desde la perspectiva de su protagonista (Morfydd Clark), Saint Maud será una historia de trascendencia, salvación y amor. Pero vista desde fuera, la historia de Maud será un relato de locura, sufrimiento y muerte, donde la creencia desmedida por Dios será, por lo menos, agonizante. La escisión entre lo que ocurre dentro de la mente de la protagonista y lo que sucede en la “realidad”, es la dicotomía fundamental que sustenta todas las historias de terror psicológico.

Pero Saint Maud no es simplemente una película de terror psicológico, es también una notable especulación teológica sobre el sufrimiento, el dolor, la salvación y su relación con el erotismo. La santidad anhelada por Maud, se encuentra enmarcada en un contexto de deseo sexual contenido, lésbico y heterosexual. En Saint Maud, el misticismo de la santidad es bastante cercano a la locura y lo erótico, pues el acto sexual y el éxtasis tienen manifestaciones parecidas: intensidad e inefabilidad.

El dolor que Maud se infringe a sí misma es el medio a partir del cual, esta joven religiosa y solitaria, cree poder experimentar el placer (erótico) que le provoca su conexión con Dios. La relación entre misticismo y erotismo explorada por Rose Glass en Saint Maud también ha sido retratada a lo largo de la historia del arte. En esta entrada decidimos relacionar Saint Maud con la imagen medieval de la santidad y el éxtasis sensual plasmado en obras como “El éxtasis de Santa Teresa” de Bernini.

Cuando Maud se refiere a la conexión especial que tiene con Dios (habla con él y escucha sus designios), lo hace en términos ambiguos que reflejan un cargado sentido de erotismo. Incluso, cuando experimenta el éxtasis de la comunión con Dios, su expresión es inequívocamente sexual. En su soledad, Maud implora algún momento de revelación divina que le dé sentido a su vida y su fe, aunque esa revelación llegue únicamente a través del sufrimiento y el dolor, lugares donde se reúnen dos realidades en apariencia antagónicas: erotismo y santidad.

El misticismo aspira al encuentro con Dios mediante el éxtasis y los arrebatos. Es una experiencia inefable que sólo se puede manifestar con un discurso ambiguo y polisémico. Por ejemplo, la mayoría de los escritores místicos han comparado esta experiencia con la relación amorosa de dos cuerpos. La unión mística, en este sentido, ha sido muchas veces simbolizada por medio de la intensidad del placer sensual.

El caso de santa Teresa de Ávila ilustra muy bien este punto. Según sus propios relatos, Teresa entraba durante sus oraciones en contacto directo con Dios. Un día escucha que la aparición le dice : « En lo sucesivo, como una verdadera esposa te llenarás de mi gloria. Ahora soy todo tuyo y por una bienaventurada reciprocidad tú también eres mía ». Esta boda mística será seguida de varios encuentros entre el Amado y la amada.


Esta hierofanía – la manifestación de lo sagrado – ha sido plasmada por Bernini en “El éxtasis de Santa Teresa”. La escultura muestra a una Santa vencida por el momento de placer máximo, de dolor y gozo. A partir de ahí es fácil establecer paralelos entre la escena erótica y mística. Bernini no hace más que ilustrar el texto de Santa Teresa, haciendo hincapié en los rasgos comunes a las dos experiencias, la mística y la erótica. Desde esta perspectiva, el placer sexual podría ser considerado como un anticipo del paraíso.

Otros santos también han sido representados en una actitud de éxtasis sensual. En “La lactación de Santo Domingo” se muestra al santo tendido en las rodillas de la Virgen. María le ofrece su pecho en presencia de una corte celestial femenina representada por vírgenes y mártires. María premia a santo Domingo, con el éxtasis que le provocó beber de su seno.

Durante la edad media, la leche de la virgen fue presentada como un elemento simbólico que no se reserva sólo al niño Jesús. Concedido a los santos, provoca en ellos el éxtasis místico, y cuando lo reciben viene a ser para ellos un instrumento de salvación. Algunas representaciones artísticas medievales ponen en paralelo el sacrificio de Cristo en la cruz (la mayor prueba de amor) y la lactación por la Virgen : es el tema de la doble intercesión, por la sangre y por la leche, haciendo de ellos « unos hermanos de leche de Cristo ».

El concilio de Trento en 1563 prohibió esta representación de las vírgenes lactantes y en general el desnudo en las pinturas religiosas, por motivo de decencia. El tema de la lactación de los santos, recurrente en los siglos medievales, y todavía representado hasta en el siglo XVII, se consideró ya en el siglo XVIII, peligroso y pecaminoso.

Como deja ver Rose Glass en Saint Maud, el misticismo de la santidad es bastante cercano a lo erótico, pues el acto sexual y el éxtasis tienen manifestaciones parecidas: intensidad e inefabilidad. Varios escritores contemporáneos han estudiado las conexiones entre misticismo y erotismo, el más famoso de ellos es Georges Bataille, para quien la religiosidad es ante todo un fenómeno erótico. Saint Maud no es ajena a esta relación entre santidad y erotismo.

El santo no busca la eficacia. Lo que le anima es el deseo, y sólo el deseo. El paso del erotismo a la santidad tiene un sentido profundo y está dividido por una línea delgada, es el paso de lo que es maldito y rechazado a lo que es fausto y bendito. Maud, como santa y erotómaniaca, está dispuesta a pasar por los terrores más tortuosos para alcanzar las supremas alturas de la santidad, aunque eso le cueste la salud mental. Santa Maud o Juana de Arco, es igual.

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Para Bataille, el santo no busca la eficacia. Lo que le anima es el deseo, y sólo el deseo: en eso se parece al hombre del erotismo. El paso del erotismo a la santidad tiene un sentido profundo y está dividido por una línea delgada, es el paso de lo que es maldito y rechazado a lo que es fausto y bendito. Maud, como santa y erotómaniaca, está dispuesta a pasar por los terrores más tortuosos para alcanzar las supremas alturas de la santidad, aunque eso le cueste la salud mental.