Cuando se habla de música y horror, Black Sabbath es siempre una de las bandas pioneras de la escena contemporánea. Pero hubo un hombre, nacido en 1929, cuyos gritos y rituales vudú podrían arrastrarte al mismo infierno: Screamin’ Jay Hawkins.


Screamin’ Jay demostró que el blues puede ser igual de oscuro, gutural y brutal que el Heavy Metal. Durante años abrió sus shows saliendo de un ataúd, acompañado de un cráneo humano y con indumentaria victoriana, aterrorizó a la Norteamérica de la posguerra. Antes de que Alice Cooper se subiera al escenario con sogas y guillotinas, antes de que Ozzy Osborne y Black Sabbath publicaran su oscuro y maravilloso disco homónimo, antes de Marilyn Manson y Rob Zombie, estaba Screamin’ Jay Hawkins.


Jay Hawkins nació el 18 de junio de 1929 en Estados Unidos. Sin embargo, fue puesto en adopción cuando contaba con menos de dos años. Sus padres adoptivos tenían una posición bastante acomodada, lo que le permitió tomar clases de piano durante la infancia y aspirar a ser cantante de ópera en el futuro. A los 14 años, con documentación falsa, se alistó para servir al ejercito estadounidense durante la Segunda Guerra Mundial. De este periodo de su vida sacaría la mayor parte de las ideas que nutrirían el oscuro imaginario de su carrera musical.


Se cuenta que durante la Segunda Guerra Mundial, la Tribu Moro, ubicada en Filipinas, Malasia, Indonesia y Brunéi aterrorizó a los soldados japoneses y americanos por sus prácticas caníbales. Quienes caían en sus manos se convertían en víctimas de tortura y peores horrores. Los oscuros y atemorizantes testimonios que los soldados contaban en las trincheras, servirían de inspiración para la retorcida mente de Screamin’ Jay.


Para la década de los 50, Hawkins se había dado cuenta que su futuro no estaba en la ópera, lo que no le impidió perseguir su carrera musical, pues el éxito le llegaría en 1956 cuando grabó el sencillo I Put a Spell on You.

La canción no solamente mezcla el horror y la comedia, sino que expresa una psicología enfermiza, obsesiva y posesiva que se mezcla con la demencial interpretación de Screaming Jay. Sus letras hablan de pociones y hechizos vudú para para recuperar el control sobre un amante que se ha ido. Esta oscura obsesión patológica antecede clásicos como «I Can See for Miles» de The Who y «Every Breath You Take” de The Police.

Screamin’ Jay hizo la mayor parte de su carrera en Europa, dedicándose a la música y la actuación. En 1984 y 1989 participó en las películas Stranger than paradise y Mystery Train de Jim Jarmusch. Su actividad en el cine, aunque discreta, continuó, y en 1997 colaboró con Álex de la Iglesia en Perdita Durango. Hawkins murió el 12 de febrero del 2000 tras haberse sometido a una operación para tratar un aneurisma.

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