Durante la entrega de los premios Grammy de 1998, el presentador y comediante Kelsey Grammer dijo que, afortunadamente, “el blanco y flaco trasero de Marilyn Manson” no aparecería en la ceremonia. El senador republicano, Joseph Lieberman, le llamó “el artista más enfermo jamás promovido por una compañía discográfica convencional”. Mientras que la presidenta del Congreso Político Nacional de Mujeres Negras, Dolores Tucker, dijo que su música era “la pornografía más sucia y desagradable dirigida a la juventud que jamás haya llegado al mercado”.

Actualmente, Manson vive entre la decadencia y acusaciones de abuso por parte de sus exparejas y compañeras de trabajo. Pero durante los 90’s y principios de los 2000’s, su música e imagen constituyeron una violenta respuesta al arrogante conservadurismo moral y político de los baby boomers.

No hay que ser Roland Barthes o Michel Foucault para darse cuenta que en la estética de Manson está presente la semiótica contestataria sobre la que se articuló una crítica a la hegemonía cultural musical de finales de siglo.

En su libro, “Ruidos: ensayo sobre la economía política de la música”, Jacques Attali se centró en dos observaciones críticas sobre la relación entre música y poder:

  1. Escuchar música es escuchar ruidos, cayendo en cuenta que su apropiación y control es un reflejo del poder, es decir, que escuchar música es un acto esencialmente político.
  2. La música es profecía. Hace audible un nuevo mundo que poco a poco se hará visible.

Sobre estas dos ideas, Attali fundamentó sus tesis sobre el poder subversivo del músico, la monopolización de la emisión de mensajes, el control del ruido, y la institucionalización del silencio de los demás como mecanismo para la perdurabilidad del poder.

Desde su nombre, Marilyn Manson combina los mitos de la cultura popular mediática estadounidense, mostrando ambas caras del star-system, la más atractiva (Marilyn) junto a la más oscura y morbosa (Manson), el erotismo y la muerte como reclamos mediáticos.

Los videoclips son un producto poderoso y propio de la mercantilización cultural del Capitalismo tardío, y Manson les utilizó como un poderoso vehículo de shock y escándalo. El uso de lo monstruoso, la artificialidad y el morbo, favorecieron el potencial publicitario de su música y estética visual. Pues, al final de cuentas, la industria del rock es el mejor ejemplo del proceso mediante el cual la cultura capitalista contemporánea promueve o multiplica diferencias con un interés por mantener su estructura de beneficios.

“The Beautiful People” fue un claro desafío a lo que se entiende por “Belleza Americana”. El contexto de degradación, horror y decadencia, es el espacio natural para mostrar el sometimiento de las personas al culto de la belleza física y la “tortura” provocada por una industria de la belleza fundamentada en la intervención quirúrgica.

“Man That You Fear” alude directamente al cuento “La lotería” de Shirley Jackson. El videoclip y el cuento comparten el mismo tema central (la elección azarosa de uno de los miembros de la comunidad para ser apilado), pero difieren en las intenciones. Mientras “La loteria” es una crítica al seguimiento acrítico de las tradiciones, el videoclip hace hincapié en otros aspectos, la del mártir que sufre a manos de la sociedad americana, una suerte de Cristo oscuro en una procesión.

En “Coma White”, la identificación de Manson con Cristo y Kennedy es evidente. El videoclip, reúne diferente elementos de la iconografía de la pasión, adaptados en la escenificación del sacrificio del mártir mediático (John F. Kennedy), divinizado por la misma sociedad que lo asesinó: «The camera will make you god. That’s how jack became sainted”.

“The Nobodies” es la versión más acabada y retorcida de uno de sus primeros videos, “Dope Hat”. Es una fábula en la que se denuncia por un lado, la victimización de la infancia, pero otro él mismo se erige como su verdugo. Años después, Rachel Wood, expareja de Manson, le acusaría de amenazarle con abusar de su hijo. En la cultura del espectáculo hasta el acto más vil tiene remuneraciones mediáticas y el mismo Manson lo sabe: Some children died the other day […] You should have seen the ratings that day.

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