A Serbian Film: terror y capitalismo gore

A Serbian Film funciona como metáfora del capitalismo gore, del sistema perpetrador y su indolencia.
Si eres un espectador del cine gore ya habrás visto “A Serbian Film” (2010) del director Srdjan Spasojevic. Y si acaso todavía estás sondeando las rojas y carnicientas aguas de este subgénero, seguro llegarás a verla pronto. La cinta figura en todas las listas de las películas más violentas e impactantes del género de terror, y no es para menos, “A Serbian Film” es una película brutal que no te dejará indiferente.
Pero detrás de toda esa violencia extrema y pornografía, “A Serbian Film” funciona como metáfora del capitalismo gore, del sistema perpetrador y su indolencia, de sus víctimas y su comercialización.

Las víctimas

El gore y el cine de explotación se basan fundamentalmente en la hiperviolencia, la sexualidad explícita y sobre todo, las víctimas. Este último elemento, al menos a mí como espectador, me interpela profundamente, pues las narrativas de horror se han nutrido, entre otras cosas, del sufrimiento de las víctimas: de la mujer inocente, del incauto, del torturado o el intruso.
En Frankenstein de Mary Shelley, por ejemplo, los primeros en padecer la ira de la criatura son los inocentes, aquellos que no son responsables de las acciones directas del Dr. Victor Frankenstein. En Tiburón (1975) la primera víctima es un niño, y así en muchas otras películas del género, la muerte o sufrimiento del inocente siempre es un recurso para provocar el horror e indignación del espectador.
En “A Serbian Film” esta premisa es llevada hasta el extremo. En la escena más famosa de esta película (o quizás más infame), un recién nacido es sometido a la violencia sexual más indignante. Esta escena, y muchas otras, fueron motivo principal de la censura y crítica a la película. Por su parte, Spasojevic siempre ha defendido su cinta como una muestra del “cine académico” que se hace en Serbia.

La mirada de Spasojevic

A grandes rasgos, la película cuenta la historia de Milos (Srđan Todorović), un actor porno retirado que vive con su esposa e hijo. La situación económica de la familia no va muy bien y eso le preocupa. Hasta que un día recibe una oferta económica por parte de Vuknir, un director de cine porno, para grabar una última película. Vukmir se niega a darle más información acerca del proyecto, salvo que no debe preocuparse por el dinero, pues la película está financiada por “gente poderosa”. Milos acepta, pues eso aseguraría el futuro de su familia. Sin embargo, cuando llega el primer día de grabación Milos se da cuenta que algo anda mal, pues se le pide ejercer una violencia sexual extrema sobre las actrices de la película mientras niños atestiguan.
La infancia violentada es un poderoso tópico en “A Serbian FIlm”, el propio Srdjan Spasojevic ha comento respecto a su película:
“Mediante una alegoría, tratamos de lidiar nuestra vida con las autoridades corruptas que nos gobiernan…Hoy en día, en Europa del Este, no recibes financiación para una película a no ser que tengas una “historia verídica”, patética y conmovedora que cuente la historia de unas pobre niñas refugiadas y desamparadas que terminaron como víctimas de la guerra, de hambrunas y de la intolerancia. El cine serbio, trata a las víctimas como a héroes, y las utilizan y manipulan con el fin de despertar la empatía del espectador. Crean una historia falsa y romántica sobre esa víctima y la venden como si fuera real. Esa es la auténtica pornografía y manipulación, y también violencia espiritual…”
Esta misma idea es expresada crudamente en “A Serbian Film” cuando Vukmir le dice a Milos:
“Los niños son mi especialidad, mi vida entera…Este país es un kindergarten de mierda. Un montón de niños abandonados por sus padres. En este país toda tu vida estás obligado a demostrar que puedes cuidarte solo. Demostrar que puedes cagar, comer, coger, beber, sangrar y ganar dinero, lo que sea necesario para sobrevivir hasta morir…”
En la escena se ve a Milos confundido, pues no alcanza a comprender lo que quiere decir Vuknir y cómo se conecta todo ese discurso con la pornografía y violencia infantil. A lo que Vuknir responde:
“No es la pornografía ¡Es la vida misma! Así es la vida de una víctima. Amor, arte, sangre…cuerpo y alma de una víctima. Transmitiendo en vivo a todos aquellos perdidos en el mundo…y que ahora están pagando por verlo, sentados cómodamente en un sillón. Las víctimas venden, y se cotizan más, cuanto más sufren. Pero las víctimas somos nosotros, Milos. Tú, yo, toda la nación. ¡Todos somos víctimas!”

La crítica de Spasojevic se dirige no solamente a la clase gobernante, sino a toda la industria del entretenimiento que se alimenta de la explotación, exhibición y administración del sufrimiento de las víctimas. El cine y el streaming están plagados de estas narrativas de explotación, el auge de las series y películas de asesinos en que las víctimas no reciben un trato digno conforman el andamiaje que sostiene esta industria del espectáculo que se alimenta de las víctimas vendiendo su historia. Por ese motivo, el tratamiento que se le da a las víctimas en este tipo de narrativas dentro del mercado es tan importante, pues se convierten en mercancía o meros recursos para contar una historia capitalizable.

Capitalismo gore

La agudeza de “A Serbian Film” permite introducirnos en la epísteme de la violencia, de su lógica y prácticas: las víctimas venden, y se cotizan más cuanto más sufren.
Es innegable que el sistema hipercapitalista en el que vivimos se nutre de la explotación y derramamiento de sangre, con su alto porcentaje de vísceras, dolor y desmembramientos, como en una película gore. Los mercados participan en una dinámica de legalidad-ilegalidad que se sustenta a partir de la violencia explícita y extrema. Los desollados, decapitados y desaparecidos que tan acostumbrados estamos a ver en México, son el reflejo del modelo socioeconómico actual que, a través de la mutilación y desmoralización del cuerpo genera ganancias económicas. Como en “A Serbian Film”, la violencia que se ejerce sobre las víctimas ocurre por un mandato dictado por un mercado de oferta y demanda.
Un elemento importante consiste en reconocer que Vukmir no es el inversionista de su propia cinta, él es solamente un peón más. Los dueños de la película porno que se está rodando en “A Serbian Film” son aquellos que ostentan el capital, y que en la película aparecen esporádicamente vestidos de traje y que no dicen ni una sola palabra, solamente observan en silencio. No hablan, pero al final se cargan sádicamente a todos. Detrás de la brutalidad desmedida que Milos se ve obligado a infringir a sus víctimas, se encuentra el mandato del dinero.

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