Si es niña, arte. Si es niño, contemporáneo: 7 días en la art week.

Semana del arte

“Debí esperar afuera de la galería a que mi amigo llegara para entrar con él” giraba por mi cabeza mientras formaba parte, tan atropelladamente como podía, del primer día de la semana del arte. Observo, me encuentro con alguien, le saludo, platicamos, camino, observo, me encuentro con alguien, le saludo, platicamos… “A las inauguraciones asisten sobre todo aquellos que tienen tiempo de asistir a las inauguraciones, pero sobre todo aquellos para los cuales asistir a las inauguraciones es un interés mayor que el ocuparse de sus otras actividades profesionales”, dice Pablo Helguera

A estos eventos rara vez se va sola, y los porqués fluctúan; se asiste para ser vista (tal vez con un atuendo que disimule la introversión), para terminar el día con un nuevo contacto en redes sociales, para tomar fotos y generar un archivo que posiblemente no será revisitado, por trabajo, para comprar arte a quien le sea posible y rara vez, la razón por la cual supuestamente se está, para ver el arte montado en el espacio.

Esta semana, que en ocasiones es más un happening, propone una mezcla entre tres bolsitas de cacahuates a 100 pesos, vino caliente, espacios sin ventilación, y la definición de los temas y artistas consolidados y en ascenso (cuya escalera aún no conoce destino fijo) que curadores, gestores, promotores y directores consideran importantes de conocer y consumir a través de exposiciones individuales o colectivas en ferias y galerías. La primera feria de arte en México nació en Guadalajara en el año de 1992 a manos de la gestora Gabriela López Rocha y, aunque esta ya no existe hoy en día, el mercado que la atravesaba sólo se ha fortalecido.

Las ferias del arte son una especie de tienda departamental en donde hay una democracia pictórica en la que diferentes artistas, con temas y técnicas distantes entre ellos conviven en un mismo espacio. Obras modernas y contemporáneas se saludan, nacionales e internacionales, en rincones, amontonadas sobre una pared y a veces en el piso, cuya luz fluorescente señala su precio como faro, porque este no es un espacio para distinguir o contemplar, es para comerciar.

Los precios en dólares, pero nunca expuestos al ojo inmediato, así como el deseo constante de pertenecer a algo parece ser la pauta de estos 7 días. Es preciso tener claro que precio no es valor, se compra por moda y la moda se genera también a partir de lo que se compra. Sin embargo, el puntito rojo al lado de las obras entre cuatro paredes significando que algo se ha vendido exitosamente, también genera la distinción entre la accesibilidad adquisitiva, quién sí y quién no puede comprar arte. Dicho esto, porque algo parezca caro o no contemos con el capital para comprarlo, no significa que el arte no tenga valor. Al final del día, esta práctica es un trabajo y, como tal, debe recibir sus beneficios económicos; lo mismo sucede con todos aquellos que hacen posible cualquier exposición, desde la curaduría hasta la persona que coloca el clavo sobre la pared.

Darle precio a una obra puede ser complicado porque muchas consideraciones juegan un papel importante sobre un concepto que ni siquiera está definido del todo, el arte, menos aún, el contemporáneo; no es algo concreto, cuya definición pueda encontrarse en todos los diccionarios de forma homogénea.

El arte contemporáneo, dice Andrea Giunta, “es cuando el mundo real irrumpe en el mundo de la obra. La violenta penetración de los materiales de la vida misma, heterónomos respecto de la lógica autosuficiente del arte, establece un corte. Los objetos, los cuerpos reales, el sudor, los fluidos, la basura, los sonidos de la cotidianeidad, los restos de otros mundos bidimensionales (el diario, las fotografías, las imágenes reproducidas) ingresan en el formato de la obra y la exceden”.

Las geografías del arte

Existen dos narrativas, muy distintas entre ellas, que flotan por encima de este mundo y quienes nos dedicamos a él, ya sea de tiempo completo o parcial. La primera, pone al arte en un pedestal inalcanzable, cerrado, y etéreo. Aquí, se genera un sentimiento fragmentado en el que sólo unos cuantos pueden obsequiar su quehacer al mundo, donde la individualidad impera y exalta un deseo de aspiración. La segunda, más aterrizada, reconoce el sistema en el que el arte opera, la historia de la cual proviene, su blanquitud, opresión, explotación y precarización. Entre estas dos hay puntos en común, como artistas problemáticos, apropiaciones, violencias, y varios etcéteras más.

Este quehacer varía entre geografías, pues a veces parece que el arte está hecha para las ciudades, especialmente las capitales. La centralización normalizada impone un esquema visual que enaltece a toda figura que logra exponer en ella. El concreto exige, categoriza, y también desecha, pero el bombear de nuestra sangre sólo nos recuerda que estamos hechos de carne y hueso; todo aquello que se deja se hace con la esperanza de una permanencia, material o conceptual.

El tiempo en las ferias del arte tampoco funciona igual que en la realidad inmediata, se mueve con urgencia, atomizada, y sin umbrales de descanso. Aquí, hay un déjà vu que ubica al cuerpo en la materia, pero la mente está en una repetición constante. Detrás de la emoción que la cartelera cultural ofrece, se filtra una sensación de inquietud por querer responder al llamado de representaciones que tal vez no volvamos a ver más, o bueno, al menos hasta que la próxima exposición inaugure.

El colonialismo y crisis identitarias

Continúo caminando, y entre olas de gente, pulseras de tela, cartas de presentación y mucho inglés, escucho a una niña decir la muy controversial frase “yo podría hacer esto”. Aunque este comentario pueda ser cierto a un nivel técnico, plantea las preguntas ¿para qué existe el arte?, ¿cómo se desarrolla el acto creativo? y ¿cuál es la responsabilidad del artista sobre su pieza y el mundo?

El arte mexicano ha pasado por muchas etapas, desde las tradiciones, el colonialismo, las crisis identitarias, el nacionalismo, la ruptura, la globalización y muchas más que responden estas preguntas conforme a su tiempo. Hoy en día, con la gran cantidad de ideologías y formas de ver el mundo, la respuesta es muy abierta y subjetiva. Toda obra que vemos sobre muros o duelas lo es desde sus propios parámetros. Dicho esto, hay una característica que, sin importar el tiempo, toma al arte de la mano, y eso es, que cada expresión siempre ha sido, es y será política, simple y llanamente porque el artista toma una postura al crearla.

Conociendo las limitantes de una semana, mes y año del arte con distintos grados de privilegio, es necesario, desde nuestras trincheras, seguir generando instituciones y diálogos horizontales, plurales, redituables, conscientes y abiertas; asistir a estos eventos masivos para seguir encontrando manos dispuestas. La cultura es un derecho que debe ser ejercido, así como una necesidad humana que, bajo una mirada compartida, puede ser liberadora.

Son las 8 de la noche, estoy cansada, sucia, y deshidratada. Salgo del edificio con mi amigo, nos vemos desaliñados, como recién salidos de combate. Nos dirigimos a casa para dormir y prepararnos para volver a hacer esto el resto de nuestras vidas.

El universo de “Dune”, tanto en el libro como en la versión de Villeneuve, se construye en gran medida sobre el imaginario islámico.

¿De dónde saldrá el nuevo elemento del mainstream? ¿De dónde vendrá el próximo gran hit que inunde las redes sociales y las …