La exitosa serie de AMC: The Walking Dead dirigida por Frank Darabont es una adaptación bien lograda del comic escrito por Robert Kirkman y Tony Moore, que no únicamente reivindicó a los muertos vivientes en el gusto de muchos, sino que demostró que se puede hacer un drama humano e inteligente de la mano del suspenso, la violencia y el horror. 

The Walking Dead fue en su momento uno de los dramas mas visto en televisión pagada, siendo merecedora de dos Emmy Awards por maquillaje, una nominación al Golden Globe Award por la mejor serie de televisión y dos WGA Awards por el guión de la serie. Según el sitio Web TVbyTheNumbers el último episodio de su tercera temporada fue uno de los más vistos y alcanzó una audiencia de 12.4 millones de televidentes en los Estados Unidos, convirtiéndola en la serie con el mayor éxito en audiencia televisiva en ese país durante el 2013, por encima de otras series como The Game Of Thrones y The Big Bang Theory. En Abril de ese mismo año, el New York Times declaró a The Walking Dead como la serie número uno para adultos entre los 18 y 49 años. El after-show del último capítulo de la tercera temporada: “Talking Dead” tuvo una audiencia de 5.2 millones de televidentes.

La pregunta sobre el Por qué del éxito de The Walking Dead puede traducirse en la pregunta sobre el Qué es lo que The Walking Dead ofrece a su audiencia. Cráneos aplastados por martillos o filosas hachas, borbotones de sangre, intestinos expuestos, extremidades cercenadas, armas de fuego y sangrientas dentaduras no definen el espíritu de la serie, de hecho, los zombies son solo el pretexto para narrar una historia de sobrevivencia humana. Bien se puede decir que The Walking Dead es una historia de apocalipsis zombie cuya principal apuesta son los no-zombies. El drama de la tragedia humana de cada uno de los personajes logra captar al espectador de inmediato, poniendo en la mesa de discusión no solamente el modus vivendi en un contexto repleto de muertos vivientes, sino también, y esto lo hace con maestría, delinea cuestiones morales en un mundo hipotético donde se han invertido las jerarquías y donde el deber ser no deja de ser interpelado por el ser.

The Walking Dead ofrece a la audiencia un drama inteligente en donde escuelas filosóficas van y vienen dentro de su narrativa, planteamientos éticos son lanzados hacia el espectador a modo de confrontación: ¿Podemos aún ser seres morales en un mundo cuya principal premisa es sobrevivir a costa de lo que sea? ¿Podemos seguir guardando un poco de humanidad en un mundo de muertos? ¿Qué pasa con los lazos de lealtad cuando el otro es también una amenaza? ¿En un escenario donde ya no existen leyes qué papel juega el poder y el estado?

En el apocalipsis zombie presentado por The Walking Dead los muertos no son la única amenaza, en este drama viene muy bien la cita del Leviatán de Hobbes: Homo homini lupus (El hombre es el lobo del hombre) pues el autentico peligro no son los muertos vivientes, torpes cadáveres que son exterminados en un dos por tres, sino el deseo de sobrevivencia que enfrenta al hombre contra el hombre, el drama de la serie tiene su fuerza en estas voluntades y deseos que se entrecruzan y crean puntos de flexión y ruptura. El escenario planteado por este Apocalipsis figura también como una buena analogía del hombre moderno que vive a la mitad de una pandemia y el sistema en el que su vida deviene como un torbellino que se estrella contra otras voluntades. En el mundo de The Walking Dead la línea entre el bien y el mal, la injusticia y la justicia, la razón y la locura se desdibuja y es transgredida capítulo a capítulo, en un mundo posible donde las leyes civiles ya no tienen ningún valor, y tampoco la distinción entre héroes y villanos tiene lugar. En el mundo hipotético de The Walking Dead –el infierno son los otros-.

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