Tinder y El capitalismo de plataformas.

Por Rodolfo Mungía.

Dentro de las cárceles, escuelas, hospitales, cuarteles, oficinas existe un proceso disciplinario que vigila y castiga las desviaciones a la norma. Se termina por producir un tipo ideal de prisioneros, estudiantes, enfermos, militares y trabajadores. Esos sujetos suelen ser homogeneizados en su vestimenta, en su corporalidad, en sus conductas y en sus deseos. Las grandes instituciones sociales aseguran no sólo la disciplina de lxs sujetxs, sino su gubernamentalidad. Hace falta una institución disciplinaria para gobernarlxs a todxs, para encontrarlxs, para atraerlxs y para atarlxs en las tinieblas. Foucault explora esta cuestión en Vigilar y castigar.

Pero en el mundo contemporáneo, igual que lo presagió Deleuze, las instituciones disciplinarias están en una crisis generalizada, por eso la tarea de homogeneizar las interacciones sociales ahora recae en plataformas, aplicaciones, software y algoritmos. Facebook, Instagram, Twitter y TikTok son el medio de una buena parte de las interacciones online. En lo digital ya no se moldea a lxs sujetxs a través del castigo, sino a través de la recompensa, o la promesa constante de una. Liberar dopamina con los likes, los matches, las reacciones y los comentarios no es un proceso neurológico sin inclinación política. Nuestra vestimenta, nuestro cuerpo, nuestra conducta y nuestros deseos se intentan modular de acuerdo a las necesidades de los algoritmos. Se termina por producir un tipo ideal de usuarix, con un tipo ideal de relaciones sociales.

Las aplicaciones de ligue no son el origen del ligue online, pero son su profesionalización. Tinder, propiedad de Meta, es la plataforma más usada en el mercado sociosexual. Ofrece la posibilidad de conocerse y encontrarse con otras personas a través de un sistema más o menos consensuado de doble aprobación, es decir que ambas personas tienen que gustarse o hacer match para hablar. Los perfiles con más probabilidad de éxito, por supuesto, son aquellos que reflejan las características corporales e identitarias más occidentales: blanquitud, capital social, cuerpos hegemónicos, capital erótico, masculinidad, feminidad. En Tinder hay una sección denominada Top Picks que supuestamente muestra perfiles especialmente curados para gustar, pero cuyo algoritmo tiene una inclinación por los modelos occidentales de belleza.
Tinder, Bumble, Badoo, Happn, Grindr y muchas otras plataformas tienen variaciones en sus dinámicas, pero comparten objetivo, que parece ser que las personas se conozcan. Al menos esa es su fachada. En realidad, a las empresas que están detrás de las aplicaciones de ligue les interesa más que sus usuarixs se comprometan en la búsqueda perpetua de potenciales perfiles de parejas sociosexuales. Que estén en la plataforma y no en una cita en la vida real les resulta benéfico por dos razones principales. Primero, pueden mostrar más publicidad, vender más planes o características premium, o en general sacar más partido a sus modelos de negocio. Segundo, con más usuarixs activxs, pueden tener más valor simbólico en el mercado de aplicaciones de ligue y ganar cada vez más tráfico.

Para hacer que lxs usuarixs pasen más tiempo activos en sus plataformas no sólo es necesaria la disciplina, también se requiere un profundo control del sujeto. The Social Dilemma (Orlowski, 2020) puso en la mesa que las redes sociales no son neutrales e intentan manipular y controlar las tendencias y sus reacciones, explotan los mecanismos que generan adicción y dependencia para sus propios intereses o los de sus aliados. En el caso de las aplicaciones de ligue, los mecanismos no necesitan crear una necesidad, sólo necesitan maximizarla. El elemento primordial es un tipo ideal de usuarix que también deberán construir en su plataforma.

Amor y consumo

La vigencia del amor romántico en las relaciones interpersonales de nuestra generación es innegable. Seguimos anhelando lo que Disney nos ha dicho que es romántico. Sin embargo, tampoco podemos ignorar que los modelos relacionales se han cuestionado con el tiempo. Modos de vida como el poliamor, las relaciones abiertas, la soledad política o la anarquía relacional son cada vez más comunes, pero el elemento romántico que busca una especie de sentimiento relacional primigenio, aunque sea con uno mismo, sigue latente. Algunos han designado a este fenómeno como consumo romántico; según esta perspectiva contemporánea, no se busca la adopción del modo relacional tradicional y conservador como institución de vida, sino que se busca su consumo bruto, la pura apariencia de alcanzar los estándares relacionales románticos que las instituciones e industrias culturales han implantado en nosotros.
Se consume el amor, el placer y lo romántico como un anhelo, una potencia y un ideal. Esa característica es la que las aplicaciones de ligue intentan explotar. Por eso siempre hay un match a la vuelta, una potencial pareja más atractiva que la anterior, más responsable afectivamente que las demás. Por eso queremos seguir deslizando, intentando hacer match aún cuando haya una colección de ellos en la bandeja de entrada.
La abundancia de potenciales opciones de relacionamiento sociosexual traídas a nosotros por plataformas y algoritmos terminan, irónicamente, en la inacción, en la abundancia de opciones, pero en pocas o ninguna concreción. El resultado son sujetxs solxs, atomizadxs, divididxs. El supuesto objetivo de hacer que las personas se conozcan, tengan citas y se relacionen se ve disuelto en el distanciamiento que implica estar siempre pendiente de las posibilidades. Al menos ese es el tipo de sujetxs que se busca construir, el tipo de deseos, de anhelos, de no-relaciones.
Por suerte, ni lxs soldadxs son solamente máquinas de matar, ni lxs prisionerxs, máquinas de obedecer, ni lxs usuarixs máquinas de desear. Tenemos agencia en los procesos que nos involucran, y si queremos transformar los entornos online para dirigirlos hacia la inclusión y la ética, o si sólo queremos utilizar responsablemente una plataforma digital, tenemos que participar activamente en su construcción.
Es incierto si el futuro de las relaciones sociosexuales estará mediado por las plataformas digitales, sin embargo, actualmente cobran un papel relevante, sobre todo en la brecha de la convivencia online-offline. Detrás hay una intención por maximizar las opciones, crear sujetxs/usuarixs moldeables y adaptables a los intereses del capital, y también por excluir a los cuerpos, expresiones e identidades que no se alinean con la estética hegemónica. Cambiar esos rumbos necesita una acción crítica que cuestione tanto a las plataformas como a los deseos que responden a sus intereses y no a los nuestros. Recuperemos, expropiemos los medios de relacionamiento que el mercado de aplicaciones de ligue explota para su propio beneficio, usémoslos de maneras éticas y no permitamos que sus dinámicas segreguen a lxs subalternxs.

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