Titane: El camino a una utopía cyborg

Para encontrarse, Alexia debe dejar de lado las prescripciones, primero la que establece cómo debe ser una mujer y luego la que establece cómo debe ser un hombre, reafirma así su derecho a existir de manera diferente, reafirma su vivir queer.
Mutante del body horror, el slasher y el cyberpunk, la cinta Titane (2021)de Julia Ducournau nos presenta a través de escenas violentas, grotescas y eróticas, una posibilidad de nuevos mundos. Contrario a lo que se podría creer y en medio de cuerpos intervenidos, metal, sangre y aceite de auto, Titane no es una distopía clásica sobre el desastroso futuro de la relación humano-máquina, es más bien, el camino a la utopía cyborg resultante de una nueva ética, la de generar parentescos.
El mundo como lo habitamos actualmente, no ha dejado de ser antropocéntrico, todavía vivimos bajo la visión del sujeto universal kantiano, en este mundo taxonómico predominan los dualismos, pero sobre todo los recursos: la naturaleza como recurso de la cultura, la mujer como recurso del hombre, el animal como recurso del ser humano, lo múltiple como recurso de lo uno; todo ello fruto de una ideología globalizadora que configura al capitaloceno. En una era capitalocena y antropocéntrica, es imposible generar lazos y cuerdas inter-especies, ya que las relaciones se construyen siempre uno arriba de lo otro, siempre en una búsqueda de recursos. Es esta la época de los escenarios cyberpunk, de las distopías, la era del organismo vs la máquina, del nacimiento del cyborg.
En el cine de ciencia ficción y de horror, se han explorado estas relaciones de maneras diversas. Ejemplos clásicos de la ciencia ficción, como Blade Runner, Robocop, Ghost in the Shell, Matrix y Ex- máquina, han tratado de explorar lo que hay de “humano” en las máquinas, llegando a la pregunta: ¿hasta qué punto puede diferenciarse el ser humano de la máquina?, ¿hasta qué punto todxs somxs cyborg?. Sin embargo, estos escenarios catastróficos no apuntan a la creación de nuevas formas de vida, utilizan una vista macro que observa a robots y cyborgs en la burbuja de un mundo ultra globalizado. Son, entonces, los géneros como el horror y el terror los que han llegado a explorar de manera más íntima la cuestión cyborg.
Mucho se ha hablado de la influencia de Cronenberg en el cine de Julia Ducournau, incluso ha sido un tema reconocido por la misma directora. Claro está que Cronenberg ha sido quien ha abierto la herida en la carne humana para dar cuenta de las interrelaciones viscosas del ser humano con otros seres. Desde principios de su producción cinematográfica podemos encontrar contagios por sanguijuelas y rabia, bichos que se fusionan con humanos y dan origen a monstruos, un parto espeluznante que da nacimiento a criaturas extrañas en The Brood (1979).
Cronenberg, nunca dejó de lado su curiosidad científica y por ello creó órganos de poder imaginarios que controlan el desastroso destino de una ciencia que se desparrama y llega a los lugares más oscuros en la vida de sus personajes. Podemos encontrar una fuerte relación entre Crash (1996) y Titane, sobre todo por la cuestión erótica de los automóviles, sin embargo, Julia Ducournau va más allá de las taxonomías comunes, especialmente las del sexo-género. Aún si Cronenberg derriba la cuestión del género y la sexualidad, llegando incluso a hablar de relaciones poliamorosas cómo lo vemos en Crash, lo cual resulta muy visionario para la época de la realización de la cinta; Julia no sólo derriba, sino deshace el género.
En Seguir con el problema, Donna Haraway insiste sobre la importancia de historias que cuentan otras historias. En este sentido, la historia que Julia nos cuenta en Titane viene de una voz femenina que salta del feminismo a lo queer. Lo que sucede en Crash es que perdura en la atmósfera la visión masculina delegada principalmente al personaje Vaughan (Elias Koteas), donde el género se mueve, pero siguen sin poder explotar los roles del dualismo mujer/hombre.
Mientras que en Crash podemos presenciar una liberación sexual de los personajes, el personaje de Alexia en Titane se nos presenta como una mujer harta de las relaciones con hombres, que disfruta el autoplacer y siente atracción por los autos. Esta atracción bien podría tomarse de manera metafórica, como la atracción hacía lo frío y lo diferente, lo objetual, ya que ve en los autos un reflejo de ella misma. La directora, nos muestra desde el comienzo que Alexia es tomada como un objeto sexual por el simple hecho de ser mujer y bailarina, lo que la lleva a tener que lidiar con el acoso y a sobrevivir en un mundo dominado por el falogocentrismo.

Entre cuerpos musculosos masculinos, agresividad y alcohol Adrien baila...

como lo solía hacer Alexia, un baile erótico sobre un auto, es ese momento en donde se genera una tensión entre lo establecido y lo disruptivo. Podemos ver en dicha escena de baile lo que Judith Buttler nos comparte en El género en disputa cuando explica que no hay un cuerpo pre discursivo, ni un sexo, ni una identidad de género, ni una orientación sexual, sino más bien, discursos que pretenden ser descriptivos y resultan prescriptivos. Para encontrarse, Alexia debe dejar de lado las prescripciones, primero la que establece cómo debe ser una mujer y luego la que establece cómo debe ser un hombre, reafirma así

Género, cuerpo y máquina

Julia intensifica este dualismo al escoger escenarios sumamente machistas como lo son las carreras de autos y las estaciones de bomberos. Alexia pasa de ser un objeto sexualizado en el primer escenario a ser Adrien, un objeto de burla en el segundo. Nuevamente, la directora nos muestra lo difícil que es sobrevivir sin encajar en las categorías sociales pre establecidas, en la figura de Adrien podemos encontrar un representante de las personas trans, queer, andróginas, género fluido y homosexuales.
Julia intensifica este dualismo al escoger escenarios sumamente machistas como lo son las carreras de autos y las estaciones de bomberos. Alexia pasa de ser un objeto sexualizado en el primer escenario a ser Adrien, un objeto de burla en el segundo. Nuevamente, la directora nos muestra lo difícil que es sobrevivir sin encajar en las categorías sociales pre establecidas, en la figura de Adrien podemos encontrar un representante de las personas trans, queer, andróginas, género fluido y homosexuales.
Sin embargo, como mencioné al principio, Julia no se queda en un escenario catastrófico, no se queda en la mera exposición sino que propone una liberación y eso lo podemos ver en la que para mí es la escena cumbre de la película: el baile de Adrien sobre el camión de bomberos.

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