Transhumanismo y tecnoreligión

El transhumanismo es la nueva tecnoreligión
Cuando Nietszche anunció la muerte de Dios, dio inicio el surgimiento de una civilización postmetafísica. El más alto de los ideales se había desgastado, y a partir de entonces ya no existen principios a priori que regulen el mundo humano. “Dios ha muerto” y por tanto, todo está permitido.
Después de la muerte de Dios solamente queda la razón: nos jactamos de vivir en una sociedad racional, secular, posmetafísica y posteísta. Dios y su promesa de resurrección son historias de una humanidad pasada, de un tiempo oculto bajo el polvo de los siglos. En algún momento, Dios era el salvoconducto a la eternidad, la vida eterna después de la muerte. Hoy, la muerte no es inevitable ya que puede ser derrotada. Pero el camino ya no es el de la salvación religiosa, sino la ciencia. Ya no hace falta buscar una improbable vida más allá de la muerte, como la que las religiones anuncian, cuando podemos aspirar a no morir jamás mediante la tecnología.

La religión tecnológica

Desde la perspectiva del transhumanismo, el envejecimiento y la muerte son errores biológicos, o más precisamente subproductos evolutivos, resultados colaterales de la selección natural que podrían ser corregidos. La muerte ha quedado situada en un horizonte indefinido que puede ser evitado, alterado y modificado: no a través de plegarias sino de intervenciones tecnológicas. En otras palabras, el transhumanismo promete un paraíso en la tierra sin necesidad de atravesar por los rigores previos de la penitencia, el sufrimiento y el sacrificio, usurpando al mismo Dios sus funciones en la determinación del destino humano.
La vida eterna no está en el más allá, sino aquí mismo, al alcance de nuestra mano (o de aquellos que tengan el dinero suficiente), y es la tecnología la que puede proporcionárnosla. No es un premio a toda una vida haciendo el bien, o aceptando con humildad la voluntad divina, es algo que nos merecemos todos, por la sencilla razón de que estamos cerca de alcanzar el conocimiento suficiente para obtenerlo.
Pierre Teilhard de Chardin, quien vislumbraba un futuro (y empleaba el término «singularidad» para designarlo) en el que el pensamiento humano se uniría a las máquinas, trascendiendo nuestras raíces biológicas y conduciendo en último término a la unión de todas las consciencias, situaba a Cristo al final de ese camino. Desde esta perspectiva, la religión es una forma prematura de transhumanismo, y también el transhumanismo es una nueva religión que viene a corregir los fallos de las anteriores.

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