Un Lugar Sin límites y la política del cuerpo trans

Un Lugar Sin límites y la política del cuerpo trans
Un Lugar Sin límites y la política del cuerpo trans

Una de las mejores escenas de “El lugar sin límites”, dirigida por Arturo Ripstein, es aquella donde la Manuela, interpretado por Roberto Cobo, le baila la Leyenda del Beso al Pancho, Gonzalo Vega.

Manuela se contornea por todo el precario burdel y dice:

“Él le pide a ella que le de un beso en los ojos para ya no ser ciego…sí un beso en los ojos para ya no ser ciego. ¡Ay viejo! tú no tienes que decir bésame en los ojos, mi amor”.

Pancho contesta, yo no te digo nada pinche jotón. Manuela deja de bailar y con las manos agarradas a su vestido rojo le grita ¡si no me lo dices ya no bailo! 

La tensión sexual entre Manuela y Pancho crece, se hablan bien de cerca, como besándose pero a la vez no. Lo erótico se mantiene en el terreno de las miradas, en la sugerencia. Todo se rompe con un, bueno, bueno bésame los ojos vieja puta, dice Pancho.

Unos bailes más de Manuela y finalmente el macho, el personaje hipermasculino que es pancho queda expuesto en su debilidad con un beso. Pancho todo seducido solo responde, un hombre tiene que ser capaz de probar de todo, ¿no? Pero después del beso vienen los golpes y el momento erótico termina en violencia.

Esta escena refleja esa tensión entre la atracción y el rechazo que genera la figura trans, en el sistema patriarcal, por cierto, tensión que está presenta en la mayoría de las narrativas latinoamericanas sobre personas trans.

El cuerpo trans y su política

De acuerdo con el escritor Ben Sifuentes – Jáuregui, en su libro Transvetism, Masculinity, and Latin American Literature el travestismo es una performatividad, una contracultura de género y un acto político. Una política del cuerpo que crea una acción desafiante para el sistema patriarcal.

Un claro ejemplo de esto es “El lugar sin límites”, obra original del escritor chileno José Donoso. La Manuela, protagonista de la obra llevada al cine por Arturo Ripstein, es la representación de la indeterminación de género, no solo se convierte en la emulación de una mujer, sino que cruza constantemente de lo masculino a lo femenino, de una masculinidad afeminada a una feminidad masculinizada.

De acuerdo con Jáuregui a Manuela la rechazan y desean al mismo tiempo debido a su afeminamiento. Sifuentes señala que el sujeto trans representa un peligro fundamental para la heterosexualidad. Cito a Héctor Domínguez Ruvalcaba, en su libro Latinoamérica Queer: a la Manuela la/lo matan no por su actuación, sino por la amenaza que implica el travestimiento para el heterosexual seducido.

El travestismo es político en medida que va a la raíz del sistema simbólico en que se basa toda la jerarquía patriarcal. Vuelvo a citar a Ruvalcaba, la lógica del travestimiento desconfía del discurso auténtico, de lo natural y de los esencialismos incuestionables.

“La subjetividad del travesti se presenta al mostrar cómo la pretensión del original (la mujer o el hombre cis) de ser lo natural, es ilegítima: el evento mismo del travestimiento no es simplemente una mimesis, sino un performance que pone en duda el performance del original”. Sifuentes Jáuregui sobre Severo Sarduy, novelista cubano.

Según Jáuregui el travesti cuestiona la autenticidad del género, mostrando que la actuación de lo heteronormativo también es travestismo.

La narrativa latinoamericana y la figura trans

En el escenario latinoamericano la figura trans se ha desarrollado como un personaje en el cual se entremezcla la seducción, la arenga, la sensualidad y poco la caricatura. De acuerdo con Ruvalcaba La fascinación con la trans como seductora de machos es un leitmotiv de la literatura latinoamericana. Ella es quien incita la pasión en personajes hipermasculinos.

Pero también es la voz política de la narrativa, es quien transmite la opinión política a través del teatro y la actuación. Un claro ejemplo de esto son las observaciones de Pedro Lemebel respecto al Circo Timoteo en Santiago de Chile, cito un extracto citado en Latinoamérica Queer de Héctor Ruvalcaba.

“El espectáculo estuvo dominado por insultos homofóbicos del público y respuestas pícaras por parte de los payasos en drag. El intercambio cómico se vuelve una arena política cuando parece que la meta de la artista transgénero es exponer la debilidad del macho.

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