“X” de Ti West y el elder horror: los viejos también c*g3n

Pearl es una mujer que evoca en sí misma, y en los demás, el horror y el miedo de un deseo sexual “inapropiado” y transgresor, que perdura a través del proceso de envejecimiento, degradación física y decadencia.
Cuando vi “X” (2022) de Ti West me resultó inevitable pensar en “La masacre de Texas” (1974) de Tobe Hooper: los animales muertos a orilla de carretera; el contexto social ultraconservador de la posguerra, Vietnam, la arquitectura y diseño de la casa que habitan los “monstruos depredadores”; el viaje en Kombiwagen de los jóvenes protagonistas y su explícito liberalismo sexual.
Y no es de extrañar, pues “X” sigue al pie de la letra las convenciones que hicieron del Slasher y el Hillbilly Horror una industria bastante redituable durante la década de los setenta y ochenta: el sanguinario conservador que le quita la vida a los jóvenes que, ingenua e irresponsablemente, deciden viajar fuera de la ciudad para adentrarse en las profundidades rurales de Estados Unidos; una Final Girl; y las obvias referencias a “Psycho” (1962) de Alfred Hitchcock y al Giallo en general. En fin, “X” me parecía divertida pero una más, de las tantas películas que existen actualmente, en la que se capitaliza descaradamente nuestra nostalgia y falta de imaginación.
Pero conforme avanza la trama, “X” se convierte en otra cosa y adquiere otras virtudes. En este breve artículo exploraré algunos aspectos que, a mi juicio, hacen de “X” una película valiosa. Pues replantea algunas convenciones del llamado Hillbilly Horror, el Elder Horror y la relación porno-terror.

Porno y Terror

Como sucede en el cine autoconciente, “X” de Ti West está plagada de referencias al cine de terror de los ochenta y setenta. Pero además, hace explícita una relación que ha perdurado a lo largo del tiempo en el cine de terror: la relación con el erotismo y pornografía. En entrevista para la revista Variety, West comenta que “el cine para adultos y el cine de terror no eran tan diferentes. Tienen una especie de relación simbiótica. Se hicieron fuera del sistema y podían llegar directamente a los consumidores a través de autocines, cines grindhouse o cines para adultos y, finalmente, VHS”. En efecto, terror/erotismo/pornografía han existido en una relación simbiótica, no solo por el uso que el cine de terror ha hecho de la explotación sexual, sino porque obedecen a una pulsión elemental en la que Eros y Thanatos se conjugan inevitablemente.
La industria independiente del cine de terror y la pornografía tuvieron inicios similares: sus tópicos, la marginalidad y el bajo presupuesto, les hizo ocupar un lugar bastante parecido en la cultura popular a lo largo de los años. Películas como “Breaking Point” (1975) de Bo Arne Vibenius; “Necromania” (1971) de Ed Wood; “Anna Obsessed” (1977) de Martin & Martin; “Satan’s Baby Doll” (1980) de Mario Bianchi; y “Savage Fury” (1985) de Mark Carriere, por mencionar algunas, se grabaron con poco presupuesto y se distribuyeron clandestinamente obteniendo un estatus de culto en la cultura.
Sin embargo, en “X” de Ti West el sexo y la pornografía no funcionan únicamente como recurso de explotación, sino como el eje sobre el que se articulan los motivos, deseos y desarrollo, de los personajes. “The Farmer’s Daughters”, la peli porno que se graba dentro de “X”, nos muestra el nacimiento de una nueva estrella: Maxine Minx (Mia Goth), pero también es el motivo que desencadena la aparición de su contraparte: Pearl, una mujer anciana cuyo deseo sexual parece no encajar con su edad y deterioro físico. Maxine es joven y deseable, Pearl es vieja y repulsiva. Por ese motivo, no resulta extraño que ambos personajes sean interpretados por la misma actriz, Pearl es el oscuro reflejo de Maxine, la cara siniestra de la vida y deseos arrebatados, el recordatorio de que todos los tesoros de la juventud al final se perderán.
En “X” el porno también es el lugar donde los protagonistas han depositado sus esperanzas. Para el productor Wayne (Martin Henderson), “The Farmer’s Daughters” es su vía de escape al éxito y la riqueza. Por su parte, Maxine espera que su reconocimiento como la nueva gran estrella del porno le permita salir de la marginalidad y el entorno ultraconservador en el que creció, para alcanzar todo lo que ambiciona y desea. El director RJ (Owen Campbell), encuentra en la película una oportunidad para implementar un nuevo estilo cinematográfico que aprendió viendo películas independientes y extranjeras. Jackson Hole (Kid Cudi) es un veterano de guerra que al regresar de Vietnam no puede hacer otra cosa para sobrevivir más que coger. Lorraine (Jenna Ortega), novia del director y encargada del audio y producción, sin saberlo se termina involucrando en un proyecto que cuestionará sus actitudes y creencias morales más arraigadas.
“X” es un homenaje al Porn-Horror del siglo pasado y la marginalidad del Hillbilly Horror. Sus protagonistas son parias fraguados en el fracaso, a la espera de la redención. Una redención cuyas exequias son una cámara de cine, lubricante, penes, vaginas, penetraciones y blowjobs.

Hillbilly Horror

Al inició de “X” podemos ver cómo los protagonistas inician su viaje. Conforme la cámara se aleja nos percatamos del contexto industrial y citadino que están abandonando. Unos cortes más adelante, y el grupo se encuentra en un contexto rural, pobre y marginado, donde los habitantes se ven obligados a poner sus propiedades en renta ante la premura de la crisis económica por la que atraviesan.
“X” sigue el argumento clásico del Hillbilly Horror: un grupo de jóvenes clasemedieros abandona la ciudad para adentrarse en locaciones rurales, particularmente aterradoras, donde deben luchar para sobrevivir ante un grupo de locales violentos y salvajes. “La masacre de Texas”, “The Hills Have Eyes” (1977) de Wes Craven y sobre todo “Deliverance” (1972) de John Boorman, son la muestra más acabada de estas narrativas.
Este subgénero del cine de terror lleva, desde su nombre, una carga social discriminatoria. Carol Clover señala, por ejemplo, que en este subgénero las clases campesinas y obreras son retratadas como salvajes, caníbales o inmorales. Físicamente carecen de los cuidados básicos: mala dentadura, enfermedades de la piel, deformidades; y son moralmente reprobables: conservadores, incestuosos, polígamos y antropófagos. Por el contrario, su contraparte (las víctimas), son regularmente blancas, clasemedia, estudiadas y liberales. El Hillbilly Horror confronta dos clases sociales distintas en un contexto carente de ley y estado.
Sin embargo, aunque “X” podría encajar en este subgénero, hay algunos detalles que le alejan de su tratamiento habitual: ninguno de los protagonistas es una persona privilegiada, aunque salen de un contexto urbanizado e industrial, no podría considerárseles individuos con privilegios, por el contrario, son los marginados de un sistema que los ha excluído por igual, a unos por parias y los otros por pobres. En “X” no se confrontan dos clases sociales diferentes como sucede en las narrativas tradicionales del Hillbilly Horror, sino dos grupos marginales excluidos del orden hipercapitalista estadounidense, sostenido durante las administraciones de Ford y Reagan.
En el análisis que Clover hace del Hillbilly Horror, el origen del terror radica en la violencia desmedida con la cual las clases vulneradas ejecutan su venganza sobre las clases privilegiadas. En el caso de “X” no existe propiamente esta confrontación entre clases privilegiadas y explotadas, sino entre grupos relegados del estatus quo. No obstante, Ti West no deja de lado el sentido crítico característico del Hillbilly Horror: al comienzo de la película, Maxine abandona el remolque en el que presumiblemente vive, para subirse a la camioneta que les llevará a las locaciones donde se filmará “The Farmer’s Daughters”, mientas se escucha de fondo “In the Summertime” (1970) de Mungo Jerry, justo en el verso que dice:
“Have a drink, have a drive, Go out and see what you can find. If her daddy’s rich, take her out for a meal. If her daddy’s poor, just do what you feel. Speed along the land, Do a ton, or a ton and twentyfive.”
Las líneas: “If her daddy’s rich, take her out for a meal. If her daddy’s poor, just do what you feel”, ponen de manifiesto las diferencias de clase y sexuales que habitualmente son abordadas en el Hillbilly Horror. No es fortuito que con estas líneas, el grupo abandone la seguridad de la ciudad para adentrarse en las profundidades de la ruralidad, donde su origen y contexto será confrontado terriblemente por los habitantes de una tierra carente de ley.

Elder Horror

Mariana Enríquez comenta que después de leer el relato corto de Shirley Jackson, “The Summer People”, sintió por primera vez el terrible miedo que provoca la idea de envejecer. No es extraño que el envejecimiento sea una idea que nos provoque terror: las revistas, los comerciales, las redes sociales y el marketing, nos muestran con claridad el culto que las sociedades contemporáneas rinden al cuerpo. El ideal de la eterna juventud juega un papel muy importante en la apropiación de los imperativos de belleza. Ser bella significa lucir atractiva de acuerdo a los juicios e imperativos sociales; significa ser delgada, lucir joven, deseable, sensual, mantener un cuerpo firme y una apariencia saludable. Envejecer, significa dejar todo eso a un lado, un despojo del que solamente queda el deterioro y el no-deseo.
En el cine, la vejez ha sido representada mayoritariamente como un proceso degenerativo, acompañado de marginalización y victimización. El Elder Horror, por su carácter transgresor, puede invertir esta representación a través de lo monstruoso. Películas como “Relic” (2021) de Natalie E. James; “The Visit” (2015) de Night Shyamalan; “Hush, Hush… Sweet Charlotte” (1964) y “What Ever Happened to Baby Jane?” (1962) de Robert Aldrich, son un acercamiento oscuro a la vejez desde el terror y los monstruoso.
La primera aparición de Pearl ocurre detrás de una ventana, casi en las sombras, en el anonimato. Y poco a poco abandona las sombras de su habitación para mostrarse en la plenitud de su violencia y monstruosidad. Es decir, abandona el velo del anonimato con el que se cubre a la vejez, para hacerse visible ante nuestra mirada; primero desde la ventana, luego desde su pórtico, después en el granero y por último, se nos muestra esplendorosa y escarlata en toda su monstruosidad.
Pearl es esa visión oscura hacia el futuro: nos provoca terror al recordarnos que algún día vamos a envejecer sin lograr alcanzar aquello que deseamos, pero también nos provoca miedo por su monstruosidad. Siguiendo la definición de Noel Carroll, el sentimiento de abyección que nos provoca lo monstruoso surge a partir de la reunión, en una misma entidad, de dos categorías que en apariencia son irreconciliables o contradictorias: el muerto/vivo, la hormiga/gigante, el infante/asesino, el hombre/mujer. En este sentido, el deseo sexual no saciado de Pearl y la violencia con la que actúa parecen contradecir las ideas que tenemos respecto al envejecimiento. Pearl no es una víctima, ni muchos menos una anciana indefensa, es una mujer que desea y que, para conseguir el objeto de su deseo, está dispuesta a transgredir la norma. Aunque este deseo no parece coincidir con el estado de su cuerpo. La voracidad sexual normalmente es atribuida a la mujer fatal, joven y deseable, ver esa misma voracidad en un cuerpo como el de Pearl no solo nos provoca terror, sino que además implica un choque de nuestras categorías habituales. Una disonancia a nivel categoríal, una ruptura del orden del mundo y la realidad.
Pearl es una mujer que evoca en sí misma, y en los demás, el horror y el miedo de un deseo sexual “inapropiado” y transgresor, que perdura a través del proceso de envejecimiento, degradación física y decadencia. El deseo sexual de Pearl es monstruoso no solamente por su violencia, sino por su exceso, es una mujer que no puede ser tratada ni como objeto de deseo ni como sujeto de placer. Alberga en sí misma dos ideas que nos parecen contradictorias, la vejez y un potente deseo sexual irrefrenable.

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