Y la que se independice: Drags y símbolos nacionales.

Si algo nos enseñó la Zapata de Fabián Chairez, es que la estética sacrílega sigue siendo una herramienta efectiva para desestabilizar el orden de género y que el concepto de nación es heterosexista y machista.

La Zapata de Chairez, “Revolución” como originalmente se llama la obra, en 2019 hizo que todo el mundo se atacara. En Bellas Artes hubo golpes, y bueno hasta Avelina Lesper salió a tirar hate y a decir que la obra era malísima: “¿Sabes a mi que me causa polémica? Que hayan colgado una pintura tan mala… Puedes pintar lo que sea, pero debes pintarlo bien. Esa pintura es malísima”.

Buena o mala, lo cierto es que La Zapata revivió la naturaleza homofóbica, transfóbica y misógina del país y de la cultura en general.

El cuerpo Queer y su poder político

Para Carlos Monsiváis el momento de visibilidad del deseo homosexual, en México, ocurrió con el escándalo del Baile de los 41. Desde entonces, lo queer se hizo visible a través de la condena pública, toda imagen relacionada a lo queer era repudiable.

Según el historiador Robert Buffington, en el escenario político, el travestimiento se usaba para devaluar el carácter masculino: representar femeninamente a alguien tenía el poder de debilitar, al despojarlos de su masculinidad.

El afeminamiento en sí mismo se consideraba un insulto. El uso de lo queer era una manera de desempoderar o insultar a figuras masculinas. Prácticamente, sobre estos componentes discursivos se formó la ideología de género en el Estado moderno.

El travesti cubierto de símbolos nacionales

Este antecedente sirvió para recuperar el yo queer y desafiar la base patriarcal del Estado – nación e instalar el cuerpo trans dentro del imaginario nacional. 

De acuerdo a Javier Vargas, artista del Museo Travesti del Perú, grupo fundado en 1982,  el travestir iconos de la nación es una invitación a separar la concepción binaria del género en la representación de la nación.

Travestir a un héroe de la nación coloca un signo de interrogación sobre la composición de la nación patriarcal.

Según Héctor Domínguez Ruvalcaba, el travesti cubierto de símbolos nacionales ha sido una constante en las expresiones de género.

Por ejemplo, los artistes Julio Galán y Nahúm Zenil usaron el traje típico para cuestionar los supuestos de género sobre los cuerpos nacionales. Según Ruvalcaba, este travestimiento de iconos nacionales puede tener al menos dos lecturas:

Incorpora en el discurso nacional a personas que fueron expulsadas de este, desde hace mucho tiempo, y el uso de símbolos nacionales puede entenderse como una parodia que tiene el objetivo de desacreditar la base patriarcal del Estado- nación.

Vuelvo a citar a Ruvalcaba, “el significado político de estas obras sacrílegas es, a fin de cuentas paradójico: utilizar símbolos nacionales para representar cuerpos queer, el objetivo parece incorporar el cuerpo excluido en el marco de la nación, pero con ese gesto disruptivo del orden patriarcal de la nación también puede poner en jaque la noción misma del Estado Nación”.

Estas obras también son capaces de desmantelar el orden patriarcal, revela la naturaleza homofóbica y misógina del Estado.

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